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Un Quintino ejemplar: Don Santiago García Huidobro .

El día 19 de Julio de 1927 la asociación lamentaba la partida de un brillante servidor, el voluntario de la 5ª. Compañía, don Santiago García Huidobro. Habíase incorporado el señor García Huidobro en los comienzos del año

1888, como voluntario de la 1ª. Compañía, para pasar pocos años más tarde a las filas de la 5ª., en las cuales había de desplegar una laboriosidad verdaderamente ejemplar.

Después de una actuación lucidísima como Capitán, el señor García Huidobro fué a ocupar el cargo de Comandante del Cuerpo en los años 1911 a 1913, y volvió nuevamente a él en 1922, llamado a suceder al señor Luis Phillips. En el intermedio de estas dos actuaciones, sirvió el cargo de Vice-Superintendente; y al abandonar la Comandancia en 1923, con su salud ya quebrantada, recibió el premio a que sus servicios relevantes le habían hecho acreedor, el nombramiento de Director Honorario.

Santiago García Huidobro

Tiene el señor García Huidobro títulos indiscutibles para que su nombre viva en el recuerdo de la asociación. Animado de un espíritu eminentemente progresista, él, antes que nadie, consideró la idea de adoptar las bombas automóviles en reemplazo de las bombas arrastradas por caballos, e indujo a la 5ª. Compañía a adquirir la pieza de esa clase que fué entregada  al  servicio  en  1904,  y  a  la  cual  hemos  dedicado  un  recuerdo  en  páginas anteriores.

La adquisición de esa pieza, considerada con un criterio materialista, había sido un error, por las deficiencias de que adolecía y por otros factores ajenos a la voluntad del señor García Huidobro; pero considerada desde un punto de vista más elevado, importaba esa

adquisición abrir las puertas del Cuerpo al progreso alcanzado por la mecánica aplicada a los servicios bomberiles.

Durante la larga permanencia del señor García Huidobro en las filas de la institución, no decayó un solo momento su espíritu de trabajo y de progreso, como lo demuestra su nutrida hoja de servicios; no lo desanimaron las resistencias que muchas veces vió oponerse a sus ideas, ni los mayores contratiempos, como el gravísimo accidente sufrido por él en un incendio en 1912. Su laudable espíritu de trabajo y sacrificio sólo vino a dar reposo a su cuerpo cuando ya una cruel dolencia había hecho presa de éste, y calladamente abandonaba las filas en los últimos días del otoño de 1927, dejando un recuerdo de imborrable laboriosidad.

 

ERNESTO ROLDAN

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