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Sergio Becerra Mücke Final

Sergio Becerra Mücke, fallecido el 30 de Mayo de 1948 en la Guardia Nocturna “Fernando Waymann”, de la 2ª Cía. “Esmeralda” de Santiago.

El 30 de mayo de 1949 al cumplirse el primer Aniversario del fallecimiento de un “Segundino” sobre su lecho de la Guardia Nocturna, el bombero don Hernán Onfray Barros, voluntario de la 9ª Compañía “Bomba Yungay” quiso honrar la memoria de Sergio Becerra Mücke, haciendo colocar sobre su lecho las palabras con que le despidiera eternamente la prensa. Dos años antes el bombero de la 11ª Compañía “Pompa Italia” de Santiago, don Mario Angelini Morales fue encontrado muerto sobre su cama, después de varias horas que su corazón generoso dejara de latir.

 

ANHELO DE MEJOR SERVIR GUARDIA NOCTURNA

 

Debemos concluir como complemento a lo señalado que; los “Segundinos” de la 2ª Cía. “Esmeralda” deseaban que su labor fuese más efectiva y eficiente y motivados por este deseo, el año 1917 se creó la guardia nocturna. En ese año contaban con un automóvil Seagrave, bautizado con el nombre de Tulio Ovalle, ejemplar bombero. Dos años más tarde, el año 1919, la “Esmeralda” acordó un reglamento para la ordenación de los servicios de Guardia nocturna.

Estableció que los bomberos que forman parte de ella deben permanecer en el cuartel de 00,30 de la noche hasta las 07,00 AM. El bombero que sin la autorización del Jefe de la Guardia no se recoja al cuartel deberá pagar multa, de igual forma el que llegue después de la hora de recogida. El Jefe de la guardia deberá llevar un libro donde se deje constancia de la falta y los atrasos de los miembros de ella y de las novedades que durante el lapso obligado de permanencia en el cuartel, se produzca.

Se autoriza al Capitán para hacer cumplir las disposiciones del Reglamento y aplicar las sanciones. Las actividades en el Cuerpo de Guardia se consideran como labores meritorias de los voluntarios. Al establecer la Compañía este servicio, los primeros bomberos que aceptaron el sacrificio de abandonar sus hogares durante la noche fueron Raúl Echeverría, Domingo Galdámes, Luis Albarracín, Hugo Iribarren y Rolando Herrera.

Herrera fue el último en mantenerse como Guardián y bomberos “Esmeraldino”, continuando en las filas de la Compañía, Los cuatro restantes gozan del eterno descanso.

Dos bomberos de la Guardia son recordados con verdadera unción, Sergio Becerra Mücke y Mario Garrido Palma, el primero fallecido en las dependencias de ella, una noche del mes de Mayo de 1948 cuando, tranquilamente, se había entregado al reposo y el segundo, muerto trágicamente en un incendio en el mes de Marzo de 1961.

Al reseñar las labores de la Guardia nocturna de la Compañía surge con relieves de alta significación, la figura venerable del voluntario Don Fernando Waymann.

Entregó sus afanes y su bondad al buen desempeño de los bomberos, que servían en ella. Fue como su padre espiritual. Por eso la Compañía perpetuó su recuerdo, designando a la Guardia Nocturna con el nombre de “Fernando Waymann”.

Llorado como se merecía el desaparecimiento de un joven que era un valioso elemento dentro de su Compañía y deseó que, en adelante fuera el único caso de un golpe tan injusto del destino a un bombero tan abnegado.

Pero por desgracia en la madrugada del 30 de mayo tan dramática circunstancia se repite y esta vez priva de vida a un miembro de la 2ª Compañía “Bomba Esmeralda” de Santiago don Sergio Becerra Mücke. Quien conoció a Sergio Becerra Mücke y lo sabe ahora muerto a edad temprana, no puede sino elogiar con toda sinceridad las hermosas cualidades de su espíritu, con palabras desprovistas de todo espaviento que se acostumbra a prodigar a todo difunto.

El mejor amigo de sus amigos deja en su corazón la sensación pesarosa de una pérdida irreparable para todos ellos.

Honesto e inteligente en sus actividades, priva de su valioso concurso a personas que lo respetaban y lo conocían Obediente y Respetuoso como bombero, abre en la 2ª Compañía la página más triste pero más honrosa de su libro de Guardia Nocturna, Cariñoso y gentil como el que más, deja entristecidos a sus padres, a sus hermanos, uno de los cuales es también voluntario de la 2ª Cía. y acongojada a su novia con quien estaba ligado con el compromiso de matrimonio contraído poco más de una semana.

La 2ª Compañía que hace sesenta y nueve años dio el nombre “Esmeralda” al escudo que simboliza sus generosas acciones en memoria del Guardiamarina Ernesto Riquelme Venegas que murió heroicamente en Iquique y que, cinco años antes, fuera voluntario suyo; hoy exhibe ante la ciudadanía el nombre inolvidable de Sergio Becerra Mücke; como el más bello sentimiento de abnegación que haya podido ofrecerle y, desde esta fecha contará con una hermosa lección de sacrificio para sus miembros. Y la 2ª Cía. conocedora del cariño entrañable que por ella profesara este joven no lo quiso privar de su compañía tan venerada ni después de extinguido su último soplo de vida y es así como le ha brindado el grato ropaje eterno de su casaca azul tan querida a la que él prestigiara tanto con sus bellas acciones.

Hernán Onfray Barros Ser bombero Voluntario, es aceptar un sin número de renunciaciones personales, fatigas y peligros al bajo precio de la sola recompensa que el justo espera: la satisfacción íntima que proporciona el saber cumplido un deber y hecho un bien.

Ser miembro de los servicios de Guardia Nocturna que mantienen la Compañía de Bomberos es someterse como prueba de cariño a la que se sirve a un sacrificio mayor.

Es contraer el compromiso de salir a todos los incendios. Es borrar el frío invernal que contrasta con la tibieza en que se reposa en el cuartel.

Es renunciar a las comodidades del hogar familiar, para vivir en un recinto austero que no las prodiga, como conviene cuando se busca el acatamiento estricto de un deber, en donde la malicia relaja la disciplina.

Es declinar compromisos, rechazar invitaciones y eludir distracciones en beneficio del buen servicio, para recogerse temprano todas las noches al Cuartel, donde en el momento menos pensado y talvez de mayor agotamiento después de una pesada jornada en las labores de su oficio, habría que sonar los timbres de alarma para anunciar la aparición del fuego en algún punto de la ciudad.

Cuando esos timbres suenan en esas piezas de Guardias, es tal la rapidez con que debe acudirse al lugar amagado que, en algunos cuarteles cuyos dormitorios se hallan en el segundo piso, hay deslizadores, gruesas barras metálicas por las que se lanzan los bomberos en vertiginosa demanda de su bomba, medio que ahorra los segundos preciosos que se tardaría en bajar una larga escalera.

Hay que recordar lo mucho que cuesta a una persona a quien se interrumpe bruscamente el sueño el desperezarse y adquirir de inmediato la lucidez mental y la energía física para acometer cualquier suerte de iniciativa para darse cuenta cabal y elogiar el espíritu de sacrificio de los bomberos, quienes sin vacilación ni tardanza saltan del lecho y se posesionan de inmediato de la situación de emergencia propia del momento y corren resueltos y enérgicamente a tripular la bomba o el carro de escalas de su compañía.

Todo el agotamiento a un día de febril actividad, se borra en la noche con la palabra mágica “Incendio” que sacude todo su ser y los hace luchar con denuedo larguísimas horas hasta ver extinguido el voraz elemento. Y luego, el regreso al cuartel, en donde la cama habrá de devolver, aunque no enteramente, las energías gastadas en una noche casi completa de altruistas afanes. Para el bombero morir en acto de servicio representa el máximo ejemplo de amor a la causa que sea dable proporcionar.

Fallecer en su hogar, después de larga y penosa enfermedad y de una vida dilatada y meritoria, es epilogar la existencia en forma resignada. Dejar de existir, sin musitar una queja o causar inquietud, en su lecho del Cuartel, es saber cumplir calladamente y sin réplica un deber espontáneamente impuesto.

(De la Segunda de “Las Últimas Noticias”, del 1º de junio de 1948).

 

 

Agradecimientos al Voluntario Honorario de Canje de la 2ª Cía. “Germania” de Valparaíso Don Carlos Carvajal Araya.

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