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Competencia Fundadores (1986)

Relato de un Úndecimo sobre la muerte de Claudio Cattoni

Claudio Cattoni Arriagada nació el 17 de Marzo de 1957, hoy tendría 57 años de edad. Fue el único hijo del matrimonio del voluntario de la Undécima Cía. Sergio Cattoni con María Arriagada.

Claudio entra a estudiar en el Liceo Alonso de Ercilla en la comuna de Santiago, en donde realiza sus estudios básicos y segundarios, egresando el año 1974, para luego ingresar a la Universidad de Chile de donde se convierte en un brillante Ingeniero Comercial. Se casa con Ana María y de ese matrimonio nacen sus dos hijas.

De niño comienza a empaparse de las raíces italianas, ya que su padre, como buen italiano participa activamente de la colectividad y dentro de ésta, por supuesto que está la Undécima Compañía la “Pompa Italia” de donde es voluntario y ha ejercido numerosos cargos de importancia.

Claudio es un joven muy entusiasta y participa en cuanta actividad tiene la Compañía, y cuando tiene la edad necesaria ingresa a la “Squadra Giovanile” de la cual es su primer capitán.

A los 18 años ingresa como Voluntario, su padre es unos de los dos padrinos y los voluntarios en general que ya lo conocen desde niño, lo sienten como uno más de ellos y el ingreso no es más que un trámite.

Una vez casado, decide ir a vivir a una cuadra de la Compañía en Avenida España con Salvador San fuentes y no se pierde acto del servicio de su querida “Pompa Italia”. Era habitual verlo junto a su padre en los llamados e incendios ya que ambos eran muy participativos, incluso su madre era muy bombera y los acompañaba seguido, aún recuerdo una ocasión, en un voraz incendio en la industria de detergentes “Uni-Lever” por allá en la década de los 80, en una noche de invierno en la que llovía profusamente, y hacía un frío que calaba los huesos.

Los Cattoni tenían una vieja Citroneta y la Mamá de Claudio la Sra. María estaba en la citroneta muy cerca del carro bomba preparándonos café.Todo transcurría normalmente y nada hacía presagiar la trágica muerte de Claudio ese 20 de Diciembre de 1990. Como sabemos, ese día, el Cuerpo celebra un año más de su fundación y entrega los premios de estímulos por años de Servicios. En eso estábamos en plena formación en el centro de Santiago, cuando se produce un incendio a eso de las 20:13 horas. En las calles Moneda con Morandé y unos de los nominados para acudir es Claudio, hasta ahí todo fue normal, pero a las 23:00 horas. De ese mismo día, se produce otro voraz incendio, esta vez en Catedral y Chacabuco.

No se podía ingresar al inmueble, y los voluntarios trabajaban desde la vereda, era una antigua y típica casa del barrio con una gran y pesada cornisa en su frente, la que de improviso cayó sepultando a numerosos voluntarios, unos quedan gravemente heridos como el voluntario de la 4ta. Claviere, hoy Director Honorario de la Institución, pero Claudio queda sepultado bajo los ardientes escombros.

Todos corren desesperados en auxilio de sus compañeros y amigos, se produce un gran caos y desorden, el negro humo, el polvo de la caída de la cornisa y una súbita oscuridad se adueña del lugar. De pronto entre la gritería, se oye a alguien que pregunta a viva voz ¿En dónde está Claudio?, solo se ve la tira que conduce a unos montículos de escombros, a fuerza de manos peladas comienzan a cavar, Claudio aferrado a su pitón está gravemente herido, unas de sus costillas rotas ha atravesado un pulmón, tiene quemaduras en su cuerpo y el casco tiene una enorme trizadura.

Su padre que está en el incendio, lo acompaña en la ambulancia hasta el Traumatológico, Claudio le dice que no puede respirar, el padre no sabe que hacer y solo atina a cortar y retirar cuidadosamente la cotona de cuero. Mientras tanto en el incendio, nadie daba crédito a lo que acababa de ocurrir, eran muchos los heridos, los que sus compañeros dejaban en la vereda de enfrente a la espera de las ambulancias que no daban abasto.

Claudio está muy grave y es derivado a la Clínica Dávila, la “Pompa Italia” queda muy afectada y muchos voluntarios de diferentes compañías se ofrecen como dadores de sangre y se hacen presentes en días posteriores en la clínica para dar sus respetos y apoyo a los padres, a Ana María su esposa y a sus pares de la Once. Sus hijas son muy pequeñas y no entienden muy bien la gravedad de lo que está ocurriendo.

Los médicos no pueden operar debido a las quemaduras que tiene en su cuerpo, solo dicen que hay que esperar y no dan ninguna esperanza. Comienzan las peregrinaciones de sus compañeros de ideales a Santa Teresita de Los Andes mientras Claudio está dando su batalla más importante.

Lamentablemente, y tras 12 días de ardua lucha, todo termina en la madrugada del 3 de Enero de 1991 cuando Claudio deja de existir y la central de alarmas por orden del señor Comandante, comienza a citar al Cuerpo de Bomberos de Santiago para el traslado de los restos mortales del nuevo mártir de la Institución.

Conocí personalmente a Claudio Cattoni y su familia, estuve en el incendio en donde cayó y en su funeral. Puedo decir, con conocimiento de causa muchas cosas buenas de él. Que fue un hombre sencillo, un buen hijo, esposo, padre y bombero, pero lo más importante, fue un extraordinario y noble ser humano al que tuve el privilegio de conocer.

 

Italo Monichi Fermandois

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