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LETRERO MARCHAN PEREIRA

Marchant Pereira

Esta calle ubicada en el corazón de la comuna de providencia  y que termina su largo recorrido en Av. Irarrázaval en la comuna de Ñuñoa, recuerda al capellán y voluntario de la Quinta Compañía de Bomberos de Santiago Don Ruperto Marchant Pereira.Ruperto Marchant nació en Santiago, el 4 de Junio de 1846, era hijo de don Tomas Marchant Blantot y de doña Teresa Pereira.

Figuró desde su juventud en los centros intelectuales, colaboró en varios diarios y revistas, cultivó el novelismo y la poesía, escribió 18 libros y un sin número de artículos.

Estudió leyes y cuando todos sus amigos, lo veían de abogado, cambió el rumbo de su vida, para ingresar al Seminario de Santiago. Una vez ordenado Sacerdote, fue nombrado profesor de historia y de literatura.

Era ya profesor del Seminario cuando estalló la Guerra del Pacífico y se ofreció al gobierno gratuitamente como Capellán del Ejército.

Parte entre los primeros a reunirse a las tropas chilenas que acaban de ocupar Antofagasta. El mismo relata con viveza los episodios de su vida de Capellán en Pisagua, Dolores, Tarapacá, Moquegua y Tacna.

Antes de entrar su división a la batalla de Tacna, dio la bendición general, impresionando a todos con éstas palabras: “Hermanos, antes de morir por la patria, elevad el corazón a Dios”. En Tacna, en una acción heroica, recupera el estandarte chileno, perdido en la batalla de Caracoles.

A su regreso como héroe, continúa con su misión sacerdotal, funda el Patronato, obra social que ayudó a miles de seres modestos y piedra a piedra levanta un templo que dedica a Santa Filomena.

Ruperto Marchant fue el más entusiasta fundador de la Compañía, fue él quien presidió la primera reunión de los futuros Quintinos, el 7 de junio de 1872.

Había ingresado 5 años antes a la Primera Compañía, destacándose como gran bombero y oficial.

El 7 de diciembre de 1873 termina la jornada de año y medio de trabajos previos a la Fundación. En esa fecha, Ruperto Marchant se encuentra enfermo fuera de la ciudad.

Mediante cartas consigue que sus compañeros no lo borren de la lista de Fundadores y se le asigna el último lugar. Con su salud restablecida vuelve a la Quinta y reclama para sí el puesto de trabajo que por sus antiguos méritos dice corresponderle.

Es elegido Teniente 1º en 1875 y al año siguiente un grupo de voluntarios trata de ascenderlo a Capitán en reemplazo de don Carlos Rogers, quien había pasado a comandar el Cuerpo.

Sin embargo, los partidarios de don Ruperto deben conformarse con elegirlo miembro de la Junta de Disciplina porque don Gustavo Ried, en reñida elección, le gana la capitanía por 5 votos de ventaja.

El 21 de Abril de 1876 presenta su renuncia a la compañía, escribiendo: “Llamado por Dios a enrolarme en el cuerpo de voluntarios encargados de la especial custodia y sostén de su Iglesia, tengo que separarme de la Compañía que tan simpática y querida me ha sido”.

Ruperto Marchant, nunca se alejó espiritualmente de la Quinta. Así lo prueba el relato de Alberto Ried, en el libro “El Llamado del Fuego”: el 21 de enero de cada año, me dirigía al templo de Santa Filomena, para renovar el seguro contra incendio que éste bombero párroco había contratado en la oficina de mi padre.

Esta rutinaria transacción mercantil provocaba en mí cierta íntima satisfacción.

Don Ruperto salía sonriendo a abrirme la puerta, cuadrábase militarmente llevando la mano derecha a una imaginaría visera y exclamaba: ¡Firme la 5ª! Entregábale yo luego la póliza y comenzaba a conversar conmigo como si hubiésemos sido amigos de toda la vida.

Después de hablar de la bomba, me decía, ahora vamos a hacer un llamado de incendio y saliendo hacía un patio vecino, se arremangaba la sotana, cubría la cabeza con un pequeño gorro negro y me ordenaba ayudar a colocar una escala, apoyándola contra la cornisa de un costado de la iglesia.

Valiéndose de una manguera de jardín, trepaba ágilmente con ella, abría yo la llave y él empezaba a arrojar el chorro de agua sobre la techumbre que imaginaba en llamas.

Ya lo apagamos, decía lleno de regocijo y a desarmar. La charla proseguía en torno a la fundación de su querida 5ª, al incendio de la artillería y aun sin fin de episodios que lo hacían revivir su juventud.

Ruperto Marchant falleció en Quintero, el 3 de enero de 1934. A sus funerales concurrió la compañía con uniforme de parada y estandarte, despidió sus restos su gran amigo y Superintendente don José Alberto Bravo.

La ciudadanía como gesto de agradecimiento, financió una estatua de cuerpo entero de Ruperto Marchant, la que se encuentra al lado del altar de la iglesia de Santa Filomena (hoy declarada monumento nacional).

La compañía acordó colocar su retrato en la sala de sesiones, el 12 de octubre de 1972, acuerdo que sólo se cumplió hace pocos años.

 

FUENTE: 5a COMPAÑÍA CBS

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