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Los bomberos de Santiago y la epidemia del cólera en 1886

La muerte fue un factor omnipresente en la sociedad chilena de la segunda mitad del siglo XIX.

La mortalidad infantil superó los 300 por mil nacidos vivos y la esperanza de vida al nacer para un hombre no pasaba los 28 años.

La lista de enfermedades, pestes y epidemias que afectó a la población de Chile es extensa.

El cólera produjo grandes pandemias a lo largo de todo el siglo, aunque en Chile apareció con rasgos epidémicos entre 1886 y 1887.

En aquella oportunidad los centros urbanos más afectados llegaron a perder hasta el 5 por ciento de su población.

En diciembre de 1886, cuando llegó la epidemia de cólera a Chile, el miedo se apoderó de Santiago como una brisa rápida.

Como hoy la radiación, en 1880 el cólera era una nube invisible y mortal que venía asolando al mundo en una pandemia mundial.

Llevaba 8 millones de muertos desde Asia a Europa y cuando el 22 de diciembre de 1886 los diarios de la época informaron que en San Felipe, el peón Jerónimo Alvarez (criado del argentino Eloy Martínez) era el primer chileno que moría de cólera en manos de los curas Agustinos, en Santiago cundió el pánico.

La prensa de la época y algunas tesis y memorias realizadas documentan que el gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda cerró la capital en un cordón sanitario tan obligatorio como inútil.

Nadie podía entrar, pero sí salir. El tren al sur partía repleto desde Estación Central hasta Chillán.

Los barcos en Valparaíso se mantuvieron a la gira y en cuarentena. Y siendo escasa la policía municipal, se convocó a los bomberos para controlar las calles y a los curas para atender los enfermos.

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Presidente Sr. José Manuel Balmaceda 

Los tónicos de hierbas, como el Licor de Hoffman, el mentol y el alcanfor, se agotaron en las droguerías en un día.

Las cosechas de repollo (que el pensamiento popular consideraba culpable de la enfermedad) se incineraron completas.

Pero el 15 de enero de 1887 cayeron los primeros enfermos en Barrancas, hoy Pudahuel.

La ciudad se paralizó: la peste no tenía cura y sólo quedaba esperar encerrado en la casa tener la suerte de ver la espalda de la muerte cuando dejara Santiago.

Los voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Santiago recogían a los enfermos desde las casas marcadas y los llevaban a alguno de los tres lazaretos -hospitales provisorios que dispuso el gobierno para dejar agonizar a los contagiados- en carretas ambulancias.

En las noches, esas mismas carretas tronaban tétricamente en los adoquines de una ciudad vacía, rumbo al cementerio.

Al principio, a sus propias tumbas del Cementerio General, pero luego fueron tantos, que el gobierno dispuso la creación de un sitio especial en la ribera del río a dos kilómetros de donde terminaba la ciudad, en Avenida Independencia.

En el Cementerio de Coléricos se prohibieron los rituales fúnebres y los cuerpos eran sepultados en una bóveda uno junto a otro, sin ataúd, envueltos en lona. Luego, se tapiaban con tierra del río y una solución de sulfuro que se pensaba eliminaba el contagio.

Más tarde, se cercó el lugar y mediante un decreto (el 606) se dispuso que se prohibía la exhumación, remoción y construcción en el lugar.

Cuando se descubrió por casualidad en 2003 y luego de terminado el estudio arqueológico, la Costanera Norte depositó los cuerpos removidos en una nueva fosa de concreto.

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Renca: Ubicación del Cementerio de Coléricos

Poco a poco se fue apagando esta epidemia de cólera, que asoló a varias provincias del territorio nacional.

A raíz de lo sucedido, el gobierno creó el 19 de enero de 1889 el Consejo Superior de Higiene Pública.

El proyecto presentado por el doctor Corbalán Melgarejo sirvió de base para la redacción de la ley que el 15 de noviembre de 1892, dio estructura definitiva a este Consejo.

Aun cuando continuó únicamente como un organismo consultivo, esa ley tuvo la ventaja de permitir la creación del Instituto de Higiene, que tantos servicios prestó a la comunidad y que con el correr de los años se transformó en el Instituto Bacteriológico, hoy Instituto de Salud Pública.

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Dr. Ramón Corbalán Melgarejo

¿Cuántas vidas cobró la epidemia? “La aparición del cólera motivó un sorpresivo y arduo trabajo de los sepultureros en 1886 y años siguientes.

Según datos del registro civil, 23.432 personas murieron víctimas de esta enfermedad, lo que era bastante para una población de 3 millones”.

El doctor Adolfo Murillo estimó en aproximadamente 40.000 el número de fallecidos en todo el país.

En los días más críticos, en los primeros momentos del espanto y de la consternación, el Cuerpo de Bomberos se ofrece al Presidente Balmaceda.

Este acepta los servicios ofrecidos y nombra al Superintendente don José Francisco Vergara miembro de la comisión a la que el Supremo Gobierno encargó la dirección del servicio sanitario.

Cuando el cólera llegó a Santiago y flagelo los barrios más pobres de la ciudad, exterminando familias enteras, se veían los uniformes de los bomberos en los lugares de más peligro.

El Cuerpo estableció una guardia permanente en los depósitos de agua potable. Condujo los enfermos a los lazaretos.

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Superintendente Sr. José Francisco Vergara E.

Ayudó a la policía haciendo guardias nocturnas desde los sábados hasta los lunes en los extramuros de la ciudad para impedir el acceso del pueblo a las tabernas, pues se creía que la ebriedad facilitaba el contagio. Este fue el trabajo bomberil más incomprendido por los coléricos.

Se transformaron las golondrinas en ambulancias, pero cuando estuvieron listos estos carruajes y sus caballos y arreos, no se encontró a nadie que sirviera de cochero a pesar de los buenos sueldos ofrecidos.

Los Bomberos ocuparon los pescantes hasta que volvió la confianza a los conductores habituales.

Durante los cuatro meses que el cólera asiático azotó a Santiago, la Quinta Compañía tomó a su cargo el barrio del Matadero.

Los Comandantes del Cuerpo señores Emiliano Llona y Alberto Berton informan finalmente al Superintendente sobre la labor realizada: ochenta y tres veces se solicita al cuartel General transportar enfermos a los lazaretos, buscar médicos y medicinas, etc.

El informe dice que desde el 15 de enero de 1887 hasta hoy no se ha bebido sino agua cocida y se ha quemado constantemente azufre en el patio interior y en el de las cocinas. El gasto de estas medidas suma $70.

Se recomienda al Superintendente la actuación del Cuartelero General Nicanor Castro y los Comandantes expresan que no hacemos mención de los importantes trabajos especiales organizados por los voluntarios de la Quinta compañía, dando una función para reunir fondos para las víctimas de la epidemia y otra para solaz y entretenimiento de los habitantes del 4° Cuartel donde hacían guardia de policía, por haber sido servicios que no se rozaban con esta Comandancia.

Para prestar estos servicios tan diferentes al trabajo de incendios los quintinos tuvieron que vencer su natural repulsión a la enfermedad y a la muerte.

Nicanor Castro Cuartelero General 1863-1914

Cuartelero General Sr. Nicanor Castro

Sus sentimientos seguramente eran los mismos que estampa años antes el oficial de Guardia en el Libro de Novedades cuando falleció el voluntario don Alberto Montt víctima de otra epidemia.

Dice el Teniente 2° Godofredo Holzapfel: Toda la Compañía asistió al cortejo fúnebre.

Todos iban tristes y conmovidos: ya por la tan sensible pérdida de nuestro malogrado compañero; ya porque esta terrible enfermedad que nos ha llevado a nuestro amigo, nos puede conducir el día menos pensado al mismo lugar.

La función de beneficio a la que alude el informe de la Comandancia, que organiza la Quinta en el Teatro Municipal con la colaboración de un grupo de damas, produjo $ 1.229,70, suma que indica el gran Éxito obtenido.

La Compañía acordó distribuir esos fondos de la siguiente manera: Cuatrocientos pesos a la señora Enriqueta Pinto de Bulnes para las viudas y huérfanos de San Felipe.

Cuatrocientos pesos a la señora Rosa Aldunate de Waugh para la Olla del Pobre de Santiago, y cuatrocientos veintinueve pesos setenta centavos al Intendente de Santiago para las víctimas de la epidemia.

Se acordó enviar notas de agradecimiento a los señores Watters y Laurence que fueron las dos personas que más ayuda prestaron en la organización de la fiesta, y a las señoritas que colaboraron se acordó agradecerles sus servicios en forma personal.

El secretario de la Quinta, don Nicolas Montt, dice en la Memoria Anual de 1887 que los cuatrocientos pesos que se entregaron a doña Rosa Aldunate fueron el fondo primitivo con que se formó la Olla del Pobre en Santiago.

Agrega el señor Montt que habiéndole correspondido a la Quinta el barrio del Matadero en las guardias de la ciudad pensó que lo más práctico era reunir a la numerosa población de aquel barrio proporcionándole entretenimientos cultos y educativos que le alejaran la idea de entregarse a sus excesos habituales.

Al efecto se preparó un variado espectáculo en el mismo matadero al cual concurrieron millares de personas del pueblo, reinando a pesar de esta enorme aglomeración de gente el orden más completo, y obteniéndose resultados moralizadores.

Los gastos de esta fiesta, bastante crecidos, se sufragaron con erogaciones particulares de los voluntarios.

La prensa publicó la siguiente descripción de la función popular que organizó la Quinta en el matadero el 6 de marzo de 1887: ´De agradables recuerdos ser· siempre para los vecinos del matadero que en número superior a ocho mil personas asistieron a la fiesta ofrecida por la 5° compañía de Bomberos.

El local elegido fue una parte de la extensa calle de la elaboración de corderos, que abarcaba un espacio de más de ciento cincuenta metros, adornado con gallardetes.

En el extremo poniente de dicha calle se improvisó un proscenio engalanado con telas de los más vivos colores y una bandera con el número cinco flameaba a gran altura.

Desde antes de las 3 P.M. la concurrencia comenzó a invadir el local de la fiesta, que a las 4 de la tarde se hizo estrecho para contenerlo pues muchos, para observar todavía mejor los espectáculos, se instalaron en los tejados.

A la hora anunciada en el programa se dio comienzo a la fiesta con la Canción Nacional tocada por las bandas de Granaderos a Caballo y de Batallón Buin 1° de Línea. La conclusión del himno patrio, fue recibida como siempre, con vivas y hurras que atronaron los aires, confundiéndose con las detonaciones de los voladores que se lanzaron en gran cantidad. La alegría se hizo general en hombres i niños cuando el pirotécnico señor Higinio Morales elevó un hermoso globo, de cuya red pendía un canastillo que mediante una mecha que fue encendiéndose poco a poco, se abrió a cierta altura esparciendo papeles de colores, que contenían impresas saludables advertencias para combatir el flagelo del cólera i consejos relativos a la higiene personal.

Con estos preliminares de la función, la concurrencia fue en aumento, habiendo momentos en que la fuerza de Artillería de Granaderos y policía, no era suficiente para contener a la jente porque todos a porfía trataban de tomar un buen lugar, pero luego se calmaron los niños, merced a los esfuerzos de los Bomberos de la 5° Compañía, de los administradores del matadero y atentas maneras de la tropa de línea.

Acto continuo levantaron el telón del improvisado teatro y en el proscenio aparecieron todos los miembros de la 5° y uno de ellos dio una conferencia sobre las reglas que cada uno debía adoptar para precaverse del cólera usando un lenguaje más sencillo.

Vino en seguida una divertida pantomima que podría titularse “los gigantes”, mui bien desempeñada por dos voluntarios de la 5° que hizo reír bastante por lo característico del traje y las máscaras.

Terminó esta primera parte de la función con la escena del Inglés enano “Mister Poco Tiempo in Chile”, salpicada de chistes y ejecutada con suma gracia por el voluntario señor Luis Zegers, que mantuvo a la concurrencia en una constante hilaridad.

Así mismo fueron mui celebrados los títeres, pero cuando la alegría se hizo más expansiva y franca fue al comenzar los cantos y bailes populares y sobre todo al presentarse el minero Feliciano, que esta vez se esmeró en lucir su ajilidad tanto en la zamacueca y la paloma, como en otros bailes de chicotes.

Se elevó un segundo globo, se quemaron algunas piezas de fuegos artificiales y voladores y minutos antes de las 7 terminó la función con el himno de Yungai, tocado por las dos bandas de música ya mencionadas que abrieron la marcha hasta la calle Franklin, en donde los voluntarios de la 5° Compañía de Bomberos despidieron a la concurrencia, retirándose todos en el mayor orden. Tal ha sido en resumen la fiesta de la 5° Compañía de Bomberos.

En el mismo local del Matadero tuvo lugar en la noche una comida para los organizadores de la fiesta, en la que reinó toda confianza y se pronunciaron entusiastas brindis.

Del álbum de los recuerdos copiamos este programa que contrasta con el anterior, a pesar de que los actores fueron los mismos.

Libro de Guardia de la Segunda Compañía “Esmeralda” de Bomberos de Santiago

Sábado 1° de enero de 1887:

Anoche se reunió el Directorio con el objeto de tratar sobre ofrecimiento de servicio del Cuerpo para ayudar a combatir el cólera.

Hoi a las 2 p.m. se reunirá de uniforme todo el Cuerpo para ir en formación a ofrecer sus servicios.

Invitado por el Directorio, el Cuerpo con el objeto de ofrecer al Gobierno sus servicios en la epidemia que actualmente nos amenaza; a las 2 p.m., las diversas compañías se dirijian al salón de sesiones del Directorio, de donde, después de un elocuente discurso pronunciado por nuestro Director Sr. Enrique Mac-Iver, nos pusimos en marcha para la Moneda.- De vuelta al Cuartel, el Sr. Vice-Superintendente anunció que el ofrecimiento del Cuerpo había sido gratamente acojido- Después de lo cual se tocó dispersión.

Martes 25 de enero de 1887:

A la hora de citación tuvo lugar la reunión a que estaba citada la Compañía.

Se resolvió abrir un rejistro en que se inscribirían los voluntarios según la clase de trabajo a que se comprometen.

A las 10 ½ se reunieron los Capitanes de todas las Compañías con el objeto de ponerse de acuerdo respecto de la actitud que ha de asumir el Cuerpo en las circunstancias actuales.

Sábado 29 de enero de 1887:

Hoi a las 4 ½ p.m. partió la 1° guardia de la Compañía al acuedusto del agua potable. La componen los Sres:

Capitán Sr. ​Tulio Ovalle
Voluntarios ​Eduardo Hempel
​​Camilo Montt
​​Arturo Matte
​​Luis Altamirano
​​Teodoro Werner
​​Juan Prado
Galo Irarrazabal
Carlos Vergara
Alberto Peña
Federico Valderrama

TULIO OVALLE

Don Tulio Ovalle del Pedregal como Capitán de la Segunda Compañía “Esmeralda” de Santiago

 

Jueves 17 de febrero de 1887:

El comandante cita a todos los auxiliares de la institución al salón de sesiones del Directorio.

Esta citación tenía por finalidad crear un servicio de ambulancias para los bomberos y sus familiares, pero el principal objetivo era prestar apoyo al servicio de ambulancias pública, ya que no daba abasto por la epidemia del cólera.

Junto al servicio de guardia del acueduto de agua potable, la institución también presto servicios de guardias ciudad y guardias sanitarios.

FUNCIÓN ORGANIZADA POR LA 5 CÍA. DE BOMBEROS DE SANTIAGO, EN EL TEATRO MUNICIPAL A BENEFICIO DE LAS VÍCTIMAS DEL CÓLERA.
PROGRAMA

 

Primera Parte

1°- Gran obertura de Juana de Arco, por la orquesta de jóvenes aficionados.

2°- Le lac, de Niedermeyer, cantado por la Srta. Elena Sanchez.

3°-Variaciones sobre un Aire Ruso, para violonchelo, ejecutado por el voluntario Enrique Benoist Benedetti con acompañamiento de piano.

4°- Yo vivo et amo, duo de campaña, cantado por la Srta. Clara Swinburn y el Sr. Ried.

5°- LAlba, barcarola de Rotoli, cantada por la Srta. Rosa Rojas.

6°- Der Freyschustz, de Weber, gran obertura a dos pianos, ejecutada por la Srta. Cesárea Reyes y el Sr. Enrique Arnoldson.

7°- Ritorna Vincitor, aria de Aída, cantada por la Srta. Nieves Fernandez.

8°- Obertura de la Muda de Portici, ejecutada a dos pianos por cuatro profesores.

Segunda Parte

1°- Marcha de Bocaccio, por la orquesta de jóvenes quintinos.

2°- El juguete cómico: ´La Hoja de Parra Del poeta español don Manuel Carrión, ejecutada por seis voluntarios de la 5° Compañía.

REPARTO doña Concepción Evaristo Mister Fox Julio y dos Chulos Tercera Parte Obertura de la orquesta. Cosas de negros o los Christie Minstrals de la 5° Compañía.

1. – The Comptown Races

2.- Home sweet Home

3.- The Midshipmite

4.- Upidee, Upide

5.- The blue Alsacian Mountains

6.- Zamacueca

7.- The golden shippers. La crítica teatral sobre este acto fue muy alentadora: se anota que la parte más ingeniosa y espiritual del programa fueron ´las cómicas escenas de los Christie Minstrals, bajo la dirección del señor Gustavo Ried. ´Todo había sido ideado con particular ingenio.

La escena del Minstrals preso por un policía en un palco de primer orden para ser llevado al proscenio, fue de un feliz y sorprendente efecto.

La concurrencia contribuyó involuntariamente con su sorpresa a dar realce a esa cómica escena.

Las canciones y coros de los negros, así como sus actitudes, mantuvieron a los espectadores en una franca y constante hilaridad.

´Fiestas de este género serán recordadas siempre con particular agrado.

La Quinta Compañía de Bomberos ha tenido una feliz iniciativa y cuenta en su seno con distinguidos aficionados al arte musical.

Otro diario publica que ´los inteligentes aficionados hicieron reír mucho al público con la representación de la graciosísima patitiesa ´La Hoja de Parra de Manuel Carrión.

El señor Ismael Valdés desempeñaba el papel de don Julio, de Mr. Fox hacía don Guillermo Swinburn, de doña Concepción, el señor Roberto Alonso, de Evarista don Cirilo Vila.

Los otros papeles fueron desempeñados por los señores Green i Zegers.

 

Fuente: Biblioteca Nacional de Chile; Libro “Firme la Quinta” de Don Agustín Gutierrez, Libro de guardia semanal de la Segunda Compañía “Esmeralda” de Bomberos de Santiago.

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