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La “Poncas” la primera bomba a vapor llega a Sudamérica.

 

Encargada en 1864 a los Estados Unidos por el señor Enrique Meiggs, a la sazón uno de los Directores del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Fue construida en los talleres de J.B. Johnson en la ciudad de Portland estado de Maine en 1860 y armada en Chile en los jardines de la “Quinta Meiggs” situada en Alameda. Entre Avda. España y Avda. República, por el maquinista de los Ferrocarriles dcl Estado don Benjamín Howard, acompañado por algunos miembros de la 1ª Compañía.

Fue su primer maquinista el voluntario don Pedro Nolasco Gómez, a quien la compañía concedió el uso de un distintivo que llevó siempre en la manga izquierda de su casaca de bombero.

Cuando la escuadra española anunció que bombardearía el puerto de Valparaíso, el Cuerpo de Bomberos de Santiago fue a ayudar a sus compañeros porteños.

Partió con todo el material de que se podía disponer, el 29 de marzo de 1866 a las once de la noche, en un largo tren que llevaba 3 locomotoras, llegando a Valparaíso en la mañana del 30.

El bombardeo comenzó a las 8 de la mañana del Sábado Santo 31 de marzo y se prolongó hasta las doce del día, produciendo 2 grandes incendios, uno en los almacenes fiscales y otro en Ia calle de la Planchada.

La 10 situ su bomba a vapor en el muelle de pasajeros, detrás de la Bolsa Comercial, y armó 4 pitones por la calle de la Planchada, al lado izquierdo del edificio de la Intendencia.

El fuego después de un trabajo de largas horas, fue detenido allí, pero destruyó completamente las manzanas comprendidas entre el Cerro de Ia Cordillera y el mar,desde la Plaza de la Independencia hasta la de la Intendencia.
Vuelto el Cuerpo de Bomberos de Santiago a Ia capital, la bomba fue dejada en el puerto a cargo del maquinista señor Gómez.

La Poncas siguió siendo la única por muchos años, sola lucho como bomba de vapor con sus grandes chorros contra el fuego que frente a la plaza destruyó el “Portal de Sierra Bella” en 1869, sola trató de librar al teatro “Municipal” en 1870, luchando con la devastadora llama que envolvió al gran “sextino y Teniente 2° Germán Tenderini”; sola también como bomba a vapor en aquel volcán del “Cuartel de Ia Artillería” en 1880, que según Vicuña Mackenna no fue un incendio, sino una batalla. Una historia de un siglo al cabo del cual vive y se presenta lúcida como en los memorables ejercicios de antaño.


HISTORIA DEL NOMBRE “PONCAS”

Hombres de negocios norteamericanos vendieron a Chile cuatro buques de guerra puestos a flote en el Pacífico. Eran los utilizados en la Guerra de Secesión, que había terminado en 1865.

Entre ellos estaba el “Poncas”, nombre de una tribu de indios de Nebraska y, según un técnico, era el mejor de los cuatro, porque había estado dos años sumergido en el mar. Endureciéndose con ello su casco de madera hasta llegar a convertirlo casi en coraza.

El 28 de agosto de 1866 entró a nuestro primer puerto. Podía llevar hasta 5 cañones y desarrollaba un andar dc 9 1/2 a 10 millas. Tenía aparejo de un bergantín-goleta y  andaba a vela mejor que a vapor era un poco mayor que la “Covadonga”: el 10 de septiembre de ese año se decretó que llevaría el nombre de “Nuble” en nuestra escuadra.

Recordando ese domingo 4 de septiembre dc 1866. Ya algo lejano en el tiempo, la 1a Compañía de Bomberos de Santiago rendía un homenaje en sus 101 años de vida primerina a lo más grande que encierran los muros del viejo cuartel de los de la “Cotona Roja” Cuál es su amada reliquia “La Poncas”.

El Director de la Compañía de signo para dicho efecto, al voluntario Honorario don Arturo Vargas Matta. Quien nos relata: “a Ia hora de citación, el personal en correcta y numerosa formación, con uniforme de parada en Ia sala de máquinas, una vez más Ia vio con su fogón encendido, lista para rendirle un homenaje de recordación al joven voluntario que trabajó esa noche trágica del 3 de septiembre de 1876 en el incendio de San Diego y Eleuterio Ramírez, en la que rindió su vida nuestro primer mártir Adolfo Ossa y segundo del Cuerpo.

La “Poncas” trabajaba en dicho incendio, y como si ella sufriera el impacto de la tragedia, como en un conjunto desesperado elevó la presión de su caldera creyendo evitar con ello que le arrebataran la vida de uno de sus hijos.

 

Señores voluntarios:

 

En el correr de Ia vida vemos como se rinde homenaje a personas que comprometieron la gratitud por grandes servicios prestados a la Patria o a colectividades, vemos también como se rinde con sagrada devoción homenaje a banderas que como insignias excelsas marcharon frente a sus hombres, unas en el Campo de batalla y otras flamearon también en el campo de Ia paz, y fue por esto último que tuvimos en suerte ver como el Instituto O’higginiano condecoro a nuestro estandarte del Cuerpo, como una demostración máxima de Ia admiración que nuestra Institución representa ante la ciudadanía.
Todo ello nos hace recordar el pensamiento y mirar en un alto del camino, que tenemos un pasado que nos obliga a meditar, pues cada uno de nosotros sólo somos los continuadores de esas tradiciones y cuando pensamos en ellas nos sentimos honrados y renovados para continuar en nuestra misión.

Hoy, al recordar a nuestro mártir Adolfo Ossa con un ejercicio el Director me ha pedido que en nombre de la Primera, rinda un homenaje.

Mi espíritu se transforma en rebosante juventud pues la juventud es una condición de Ia voluntad, una cualidad de la imaginación, vigor de las emociones ¿y dónde puede haber otra emoción más grande, si al mirar a nuestra querida “Poncas”, vemos los viejos voluntarios en ella, a la que nos recibió en Ia flor de la edad? ¿Quién de los aquí presentes no recuerda su primera llegada a esta casa “Primerina”, en ese momento en que se acercó a ella con recogido respeto para admirarla y ver en sus viejos bronces, todo el pasado “Primerino”…?
Qué lejos está ese día 2 de enero de 1865, cuando arribaba a Valparaíso la barca “Quintero”, portadora de la deseada bomba a vapor.

Las autoridades del Cuerpo, dispusieron que de inmediato se trasladara a Valparaíso el Segundo Comandante recién elegido don Enrique Meiggs, al que se sumó un grupo de Primerinos que en forma entusiasta quiso darle a su llegada a Chile, la bienvenida a este gran elemento de trabajo.
Esta comisión, cumplió con toda prontitud su encargo, y pudo así comunicar por telégrafo que regresaría a Ia capital el día 20 de enero, conduciendo al monstruo “Yankee” para apagar los incendios, que día a día aumentaban en forma alarmante.

Luego de la llegada a la estación del ferrocarril fue trasladada a la Hermosa casa-quinta del Comandante Meiggs, Donde fue alistada y probada Ia poderosa bomba.

En este acto, también Ia 1a le rinde un homenaje de agradecido recuerdo al correr de sus cien años al Comandante Meiggs, quien es el que tiene Ia legitima paternidad no disputada de haber traído a Chile Ia primera bomba a vapor.

En el libro de Diario de Oficiales del 22 de enero de 1865, encontrándose de guardia el Sargento Washington Lastarria nos relata lo siguiente: “Fue aquello una verdadera fiesta de Ia ciudad de Santiago.

Que concurrió en masa a presenciar el funcionamiento de la primera bomba a vapor contra incendios llegada a Sud América. A las 5 P.M. se inició el ejercicio en Ia Quinta de don Enrique Meiggs, donde esperaban a la “Central” todas las demás compañías de Santiago”, con todos sus trenes de bombas y todas las Autoridades civiles y bomberiles de Ia época.

El ejercicio fue admirable, La nueva bomba a vapor “sobrepasó. Como nunca antes se había visto, a los chorros de las demás bombas de las compañías hermanas”.

“Luego de algunas alternativas pintorescas y muy propias de Ia inexperiencia de esta clase de nuevos elementos, el Cuerpo de Bomberos, formado y con su material y con la banda del Batallón 2° de Línea tocando hermosas melodías marciales, se trasladó hasta hacer “alto entre Ia Pila y Ia Estatua de San Martín, dándole un descanso de 10 minutos igual a todas las demás compañías”.

Concluido el descanso se continuó la marcha hasta Ia cuadra que “está entre Ia calle de Teatinos y Peumo”. Allí nuevamente se hizo un ejercicio con Ia bomba a vapor que duró como media hora”.

“En medio de los vítores de Ia población y por el centro de la ciudad, allá poco después de las 7.30 P.M, se dirigieron al cuartel para instalar Ia nueva bomba, no sólo la 1 a sino que todas las compañías de Santiago, donde al son de agradables “piezas” ejecutadas por Ia banda del Batallón 2° de Línea, “los voluntarios se servían mutuamente y se decían algunos brindis”.

Hasta aquí la narración del sargento don Washington Lastarria.

De ese día 22, que hoy rememoramos con emoción, no quedaron satisfechos todavía los Primerinos de Ia época y terminada Ia comida allá como a las 10 P.M., salieron todos los bomberos presentes, siempre precedidos por Ia Banda del batallón 2° de Línea, desfilando por las calles, hasta dar una vuelta a la Plaza, donde se tocó dispersión.

Nuestra querida Poncas, combatió en mil incendios…, si pudiera hablar cómo nos narraría las hazañas del Cuerpo de Bomberos en grandes jornadas del bombardeo Valparaíso, del incendio del Portal de Sierra Bella, del incendio del Teatro Municipal, del incendio de la Maestranza de la Artillería y tantas jornadas más que en ella actuó junto a Ia valentía y el denuedo de los Primerinos.

Ya pronto saldrás a trabajar, para que Ia juventud vea en ti cuan generosa eres… y con tu penacho de humo al viento, irás invitando a viajar desde Ia azul esfera a tantos y tantos maquinistas que supieron regalonearte y luego después al lanzar tu potente chorro, vomitando humo y vapor en desenfrenados movimientos de nerviosa trepidación de fierros…, nos irás evocando los momentos más sublimes del ayer.
Hay hombres que en Ia vida conquistan Ia gloria por sus victorias en los campos de batallas; otros hay otros que labran su fama imperecedera de gobernantes los hay que conquistan las admiración de los hombres por sus descubrimientos científicos, pero hay también un caso…, que sin mando, sin espada, sin corona, sin honores y sin ciencia ha logrado conquistar en el paso de varias generaciones la inmortalidad “Centenaria” en el cariño con que todos los Primerinos ven en esta reliquia, como a Ia mejor embajadora, para seguir conquistando nuevos semilleros de juventud para el mañana con su sola presencia, que representa para nosotros y con legítimo orgullo de ser depositarios de esta reliquia histórica.

 

Domingo 4 de septiembre de 1966.

Arturo Vargas Matta (Ex Director Honorario)

 

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