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la moneda 1973

La “Esmeralda” y el día 11 de Septiembre de 1973

Once de Septiembre:

Una Junta de Gobierno de Fuerzas Armadas y de Carabineros toma el poder derrocando al Presidente de la República quien se suicida luego del bombardeo aéreo del Palacio de la Moneda; la Comandancia dispone acuartelamiento permanente con guardias diurnas y nocturnas que se prolongan hasta el 28 de septiembre.

Con estrictez nada más debería decir acerca de este suceso porque corro el riesgo de emitir opiniones que de un modo u otro podrían herir o halagar susceptibilidades. No obstante, al margen del hecho político mismo [ qué cúmulo de detalles, actitudes y sacrificios netamente bomberiles y segundinos es preciso destacar. ]

Ya a las 9:30 horas de la mañana, cuando todavía la mayoría del país no se alcanzaba a dar cuenta exacta de lo que estaba sucediendo, varios segundinos, previendo las consecuencias de lo que ocurriría y, aun cuando a esa hora, lo único previsible era que se desencadenaría la guerra civil, corrieron presurosos hasta nuestro cuartel de Recoleta por cuanto, a no dudarlo, sus servicios serían imprescindibles.

Cuando el egoísmo o el temor hacía que muchos ciudadanos sólo buscaran su propia protección, los segundinos se albergaban en su cuartel dispuestos a dar todo su vigor en pro del ideal de servir que los guía.

Cerca del mediodía, 16 voluntarios permanecíamos en el cuartel.

Las generaciones, las clases sociales, las ideologías políticas que en el exterior de nuestros muros pugnaban por destruirse, se aglutinaban, en el interior del cuartel de Recoleta, por servir cuando más se precisaba. El Capitán, debía enfrentarse en largas charlas con voluntarios que a toda costa solicitaban se les permitiera incorporarse a esta guardia extraordinaria. Se recibían llamados telefónicos preguntando si se precisaba más gente. Los que allí estábamos, rogábamos en nuestro interior que no llegaran, porque ello disminuiría las posibilidades de salir en la máquina en caso de una alarma.

Cuando a las 10:25 horas se impidió el paso de la mecánica de la 8ª. por el puente Recoleta por parte de las fuerzas militares, en circunstancias que concurría a un llamado, no cupo duda que la situación en el centro de la ciudad era gravísima. El posterior bombardeo e incendio de la Moneda que pudimos observar desde el cuartel disipó toda sospecha.

A las 15:30 horas dos grandes columnas de humo se levantaban sobre Santiago; y esta vez en condiciones extraordinariamente difíciles, porque los proyectiles surcaban nuestras cercanías y se oían estrepitosos en el centro de la ciudad, penetrando incluso tres de ellos en el cuartel, durante todo el curso de los hechos.

A las 16:00 horas se ordenó la salida de la máquina a San Martin y Agustinas; se incendiaba la sede de un partido político. Si bien las balas de francotiradores que se ocultan en el edificio contiguo al que se incendia y la existencia en él de explosivos y proyectiles dificulta y hace riesgosa la labor; los bravos segundinos, impertérritos, cumplen su deber, y tras 9 horas de esfuerzos denodados, el único enemigo nuestro, el fuego, se bate en retirada. La llegada al cuartel emociona a quienes habían permanecido en él resguardándolo y haciendo votos porque nada sucediera a quienes se encontraban en el incendio.

Nuestro concesionario de casino Sr. Domingo Riffo que no ha querido dejar de acompañarnos en este difícil momento brinda la comida reparadora y, luego, se intenta descansar. Así hasta las 12 horas del jueves 13, en que se produce relevo diurno, manteniéndose la guardia extraordinaria, como se ha dicho, hasta el 29 de septiembre.

Cuán simple parece haber sido todo, pero, tras lo señalado, hay todo un mundo de confraternidad, de calor humano, de altruismo puro. Es que es hermoso ser bombero y así se vio reflejado. Fue hermoso ver permanentemente a siete Oficiales que en promedio no superaban los 33 de años de edad, dirigiendo a la Compañía en ese difícil momento. Fue hermoso ver al Primer Maquinista Oyarzún, oficiando de corresponsal de guerra a medianoche, bajo la luz de una linterna para no servir de blanco, detallando en el Libro de Guardia los pormenores de lo que sucedía. También lo fue, ver a un Washington Argandoña aportando su consejo y valiosa experiencia, a un Mario Preau aminorando la tensión contando anécdotas y chascarros de su dilatada y valiosa vida bomberil; ver a un Eduardo Vicentelo dando serenidad y aplomo a un Patricio Lizama, joven voluntario, ya empapado del significado profundo de ser bombero voluntario, y segundino por añadidura; a un Carlos Suing, joven Oficial, que olvidando su propio problema personal y familiar estuvo en el lugar que le correspondía.

Fue hermoso constatar la lealtad y sacrificio de un Domingo Riffo, de Sergio Cornejo y Malaquías López, quienes, no obstante que desde sus casas podían ver la silueta y los fogonazos del francotirador que continuamente disparaba desde el edificio ubicado detrás de nuestro cuartel, cumplían su deber en excelente forma; don Juan Ulloa, el mensajero que no quiso hacer uso de su permiso para reunirse con su familia, para estar junto a nosotros.

Fue hermoso ver a un Carlos Davidson o un Luis Urzúa, miembros de esa generación de jóvenes honorarios de quienes la Compañía está permanentemente reclamando su presencia, estar presentes cuando más se les necesitó.

Pero, por sobre todo, maravilloso fue constatar que el espíritu segundino era superior a cualquier contingencia: en la Segunda no hubo vencedores ni vencidos, hubo, hay y habrá, sólo segundinos, hermanados más que nunca por el logro del ideal común.

La pasión política no logró penetrar en nuestro hogar, el odio no pudo embargarnos, el egoísmo no alcanzó ni siquiera a rozarnos, nuestra honradez y honorabilidad permanecieron intactas, seguimos leales a nuestros principios y, aún dentro de la amargura que produce el hecho que en nuestro Chile hayamos llegado a una situación tan lamentable, nos queda una satisfacción; nos conocimos mejor, somos más amigos entre nosotros, constatamos que somos de los mejores, que nuestras tradiciones han sido y permanecen valederas por más de cien años. En una palabra; Cumplimos.

Memoria de Compañía correspondiente al año 1973

Colaboración texto, Vol. Activo Gastón Salinas

Incendio Palacio de Gobierno 11 Septiembre 1973

 

 Textos se han mantenido según libros de la época

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