ISAIAS-CARVACHO-MAGNA

Isaías Carvacho Magna

Nació en Santiago el 26 de julio de 1863.

Niño aún, quiso tomar parte en las campañas del Perú, pero no pudiendo realizar por entero sus deseos, hubo de conformarse con servir en la sección sanitaria del ejército al lado de su señor padre.

A su vuelta, concluyó sus estudios de humanidades en el Liceo de Valparaíso, y empezó el curso de Leyes, que terminó en mayo de 1886, mereciendo ser distinguido por sus compañeros y maestros con una verdadera estimación, que harto merecían  su bondadoso carácter, su criterio sano y su recto juicio.

Educado al lado de una familia que sólo en el trabajo cifraba su porvenir, aprendiendo desde su cuna que la honradez  y el estudio son los únicos veneros, que encierran los más preciosos e inagotables metales, enemigo de la adulación y de la intriga, supo alcanzar una posición agradable, que no debió, ciertamente, a los empeños, ni a las recomendaciones de nadie.

De ahí que la hiel de la enemistad jamás amargara su carácter, cuyos movimientos reglaba siempre aquel precepto de Sócrates: “No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”.

Nunca fue un motivo su situación escasa para que volviese la espalda al mendigo que implora un pan. Siempre pronto  a ayudar a los necesitados, no calculaba que su caridad podría acarrearle hambre o sed, frio o enfermedad.

En una noche de invierno los alumnos internos del Liceo de Valparaíso acababan de recogerse a sus lechos, temblando de frio y ansiosos de sueño, tras la larga tarea del día.

En uno de los ángulos de la inmensa sala, débilmente alumbrada por la luz de una lamparilla de aceite, estaba el humilde lecho de uno de los alumnos apodado con ridículo apodo por sus compañeros.

La Lechuza, sintiéndose mal de salud, había pedido permiso en el día para acostarse para sanar sus dolencias, agravadas por la escasez de sus abrigos, le arrancaban de cuando en cuando dolorosos lamentos, que sus compañeros dejaban pasar en medio de la mayor indiferencia. Había uno, sin embargo, que los oía conmovido. Era Carvacho.

Cuando todos los alumnos, después del toque de silencio, se hubieron dormido y la calma solo era interrumpida en el exterior por el ruido de la lluvia y uno que otro trueno que a intervalos retumbaba en el cielo, y en el interior por los quejidos del infeliz Lechuza, levantándose con tiento Isaías Carvacho, y tomando la única frazada de su cama, cubrió con ella las espaldas casi desnudas de su compañero enfermo.

Esta noble acción habría quedado ignorada de todo el mundo si un inspector del Liceo que vigilaba el dormitorio no lo hubiese visto y dándola a conocer al Rector al día siguiente, lo que valió a Isaías Carvacho un sincero aplauso de sus maestros.

Profesando esos mismos sentimientos de niño, se Hizo inscribir en Santiago, en junio del 1887, como miembro de la “Liga Protectora de Estudiantes Pobres” Director y Profesor durante dos años de la “Escuela Franklin”.

Ya en Valparaíso había sido voluntario de la 11ª. Compañía de bomberos, durante el año de práctica forense que siguió en Viña del Mar como secretario de la Municipalidad de aquella ciudad.

Ingresa a la Segunda Compañía de Bomberos “Esmeralda” de Santiago. En sesión de Compañía el día 14 de agosto de 1889, se dio lectura a una solicitud suscrita por Isaías Carvacho Magna, de profesión abogado y nacionalidad chilena, en la que pide su incorporación como Voluntario, Recomendado por varios oficiales en términos honrosos, se puso esta solicitud en votación, resultando aceptada por unanimidad.

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Quedo inscrito en el registro  N° 808 de la Compañía. A los pocos días de ingresado como voluntario fue destinado a la Sección del  1er. Gallo, y al 3er. Turno del cementerio. (Marzo, junio, septiembre y diciembre).

En el año 1890, fue ratificado en la Sección del 1er. Gallo y al 3er. Turno del cementerio. Desde su ingreso se destacó siempre  por su gran abnegación  con que sirvió  a la Compañía, “Al toque de Alarma, Carvacho estaba en el cuartel; se le veía correr desatentado arrastrando el material al lugar del siniestro; ocupar el puesto de mayor peligro; desafiar a la vorágine espantosa, anonadarla y vencerla.”

Todas estas cualidades le valieron para que la Compañía lo eligiese Teniente Segundo el día 30 de junio de 1890. Cargo que sirvió hasta el día 06 de Octubre del mismo año.

En Noviembre de 1890, Por Orden del Día, vuelve a ser destinado al 2do. Turno de Cementerio.

En el mes de Enero de 1891 es nombrado integrante de la comisión encargada de Examinar los Libros de la Compañía correspondiente al 4to. Trimestre. También es destinado a la Sección del 2do. Gallo y 2do.

Turno del Cementerio. (Febrero, Mayo, Agosto).

Debido a la gran cantidad de Licencia de los Oficiales Titulares, el día 05 de marzo de 1891, es nombrado oficial Accidental  como voluntario más antiguo del  Segundo Gallo, dando cumplimiento a los incisos 1° y 6° del artículo 25 de nuestro Reglamento.

Haciéndose cargo de la semana de Oficiales y participando en Juntas de oficiales.

Esta función la realizo hasta el día 16 de abril fecha en que participa de su última Junta de Oficiales sirviendo el cargo de Teniente Segundo Accidental.

Como voluntario registra sus últimas asistencias en el mes de junio del 1891, concurrió a cuatro Incendios, un Amago y una academia de compañía.

Continuando con el ejemplo y la tradición familiar bomberil sus dos hermanos ingresaron a la Compañía en calidad de voluntarios. Aníbal y Francisco Carvacho Magna el primero con el registro de Compañía N° 839.

Y el segundo con el registro de compañía N° 843.

En enero de 1891, desde que se inició la gloriosa revolución contra la tiranía, Isaías Carvacho fue de los primeros en entregarse con toda la energía de su alma a la defensa de la causa de la ley, escribiendo el periódico La Legalidadque él fundó, y que hacia imprimir con materiales y obreros de la “Escuela  Franklin”,  hasta  el  momento  en  que  fue  ocupada  por las tropas del Dictador.

Careciendo de tipos de imprenta después de la ocupación de aquel local, Isaías Carvacho, empeñado más y más en su tenaz oposición al régimen de la Dictadura, hacia reproducir en su casa proclamas manuscritos que él luego se encargaba de circular.

Pero esa odiosa Administración seguía sosteniéndose sobre sus cimientos de fango y arena, y a pesar de la opinión unánime del país, la suerte y la prosperidad de la patria seguían estrellándose en ese tiempo contra las quince mil bayonetas que sostenían la dictadura.

Entonces los revolucionarios determinaron recurrir a un movimiento de armas que debía efectuarse en la noche de 22 de enero; pero que fracasó por las más negras de las traiciones.

Entre los más comprometidos en esa empresa se encontraba Isaías Carvacho, quien desde ese día fue Tenazmente perseguido por las fuerzas dictatoriales. Pero Carvacho, al mismo tiempo que despistaba, a los sabuesos de la policía, no desistía en su empeño por servir la causa de la revolución, porque “no quiero, decía, que me lleven a la cárcel sin motivo”.

Se hizo más temerario, más arrojado, y hasta tal punto que  pensó en arrancar de sus prisiones a los militares encarcelados por no querer apoyar a un gobierno indigno y malvado; y al efecto fraguó numerosos planes, que fracasaron por deslealtad de unos y flojedad de otros.

Volvió  entonces, a proseguir sus trabajos de periodista, fundando El Deber, El Diario Oficial y La Libertad, periódicos que siguió redactando hasta el momento en que, al publicar el segundo número del último, fue sorprendido gracia a una miserable acusación, llevado desde luego al cuartel del batallón 4to. De línea   y arrastrado en seguida a la Penitenciaria.

Después de ocho días de severa incomunicación en este establecimiento penal se le trasladó a la cárcel, desde donde siguió redactando La Legalidad, propagando sus ideas entre la tropa de la guardia, escribiendo en las paredes de su celda (número 266) los crímenes de la dictadura, “para que los leyeran los defensores de ese régimen, que  más  tarde,  cuando  la  revolución  triunfara,  debían  ocuparla”.

“Crímenes de Balmaceda y jauría”

  1. Haber atropellado la sagrada Constitución del Estado, pretendiendo eliminar una de las ramas del Poder Público, el Poder Legislativo, que representa la soberanía del pueblo.
  2. Haberse constituido en Dictador, asumiendo todo el poder público, aprisionando y persiguiendo a los miembros del Congreso Nacional y suprimiendo las cortes de Justicia.
  3. Mantener sin facultad un ejército permanente formado a viva fuerza, y otro ejército de mercenarios.
  4. Formar, en contravención a la Constitución ya la Ley, un congreso de fantoches con facultades de Asamblea Constituyente.
  5. Hacer uso y abuso de los caudales públicos, usurpando y derrochando 30 millones de pesos que existían en arcas fiscales para responder del crédito exterior de la Nación.
  6. 6. Haber   atropellado   todas   las   garantías   individuales.
  7. Haber corrompido y desmoralizado al ejército.

 

“Crímenes especiales”

  1. Asesinato de los tripulantes de la Guale, y de dos sargentos.
  2. Flagelación y tormentos.
  3. Robos y peculados.
  4. Alta traición a la Patria, al constituirse en tirano.
  5. Clausura y persecución a la prensa.
  6. Prisiones indebidas.
  7. Violación de domicilios particulares.
  8. Saqueo de la propiedad privada.
  9. Incendiario.

Pero, sabedor el gobierno de la propaganda que entre sus soldados hacia el incansable caudillo revolucionario,  creyó  conveniente trasladarlo a otro punto. En efecto, el 25 de julio Isaías Carvacho fue remitido a San Carlos, desde donde escribía a su familia y amigos “que nada hicieran por él, porque no quería deber nada a los enemigos de su patria”.

Allá desterrado bajo un cielo desconocido, sufriendo los tormentos de una estrecha prisión, sintió arraigarse más y más en su pecho la fe en la pronta regeneración política de su patria, hasta tal punto, que ella llego a ser su pensamiento fijo, su creencia más absoluta, la más arraigada de sus convicciones.

“No hay que afligirse, escribía a sus padres en una carta fechada 9 de julio, no hay que afligirse, porque esto durará apenas cuarenta días”.

Con esa fe viva y apasionada era con lo único que podía sostener su Ánimo, el de su familia y compañeros de sacrificio y alentar a su anciano padre, y varios de sus amigos reducidos a prisión en el mes de julio, y atormentados en sus oscuras celdas con el refinamiento de la más ensañada crueldad.

“No hay que tener miedo, volvía d escribir el 28 de julio; el gran golpe está ya próximo; la agonía de la dictadura principia ya; concluirá entre el 15 y el 20 del mes entrante”.

Por una clave convenida, avisó a uno de los miembros de su familia que llegaría a Santiago el 14 de agosto, adonde arribo efectivamente en el expreso del 15, vestido de campesino y fumando con toda la calma que lo caracterizaba. Desde ese mismo día se le pudo ver en todos los paseos públicos, recorriendo los barrios tanto centrales como apartados de la ciudad, levantando los ánimos, infundiendo fe y prodigando valor y entusiasmo.

 

CARTA DE CONDOLENCIAS AL PADRE DE ISAÍAS CARVACHO:

 

Santiago, 19 de Septiembre 1891.

 

Señor:

 

De mi consideración i respeto:

Cumplo con el penoso deber de transcribir a Ud. En nombre de esta Compañía la expresión de su íntima condolencia por la pérdida dolorosa de su hijo Isías, asesinado infamemente por los agentes de la dictadura en el lugar denominado ” Lo Cañas” el día 18 de Agosto próximo pasado los servicios señalados que el hijo de Ud. Presto con tanta abnegación a la causa de la libertad, el infatigable empeño con que cumplió sus deberes de bombero i el albo aprecio que siempre mereció de sus compañeros por la nobleza de su corazón, han hecho que la Segunda Compañía haya contemplado con la más amarga tristeza la desaparición de uno de sus mejores servidores si el sistema de opresión a que estábamos sometidos, nos arrebató el derecho sagrado tributar a sus restos en homenaje respetuosos de nuestro cariño, hoi al respirar el aire de los libres cumplimos consternados este penoso deber.

La segunda compañía al recoger agradecida la parte de gloria que ha llegado a su patria ese mártir de la justicia y de la libertad sabrá inspirarse en su sacrificio y en el ejemplo de sus virtudes cívicas.

 

Sírvase a aceptar, señor, junto con las expresiones de nuestro dolor, los particulares sentimientos de condolencia de su afectísimo SS

 

Jerman Munita

 

 

Documento elaborado por Pedro Torti B./ Ítalo Hidalgo Y.

 

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