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Incendio en Cochrane y Plaza Echaurren. Valparaíso - 1914

Incendio en Cochrane y Plaza Echaurren. Valparaíso – 1914

Poco “A las 12 y media de la madrugada del 4 del mes en curso, se produjo una explosión en un almacén de la calle Cochrane, esquina de la plaza Echáurren, en Valparaíso, y diez minutos más tarde ardía el enorme edificio de cuatro pisos que ocupaba toda una manzana.

Sin tiempo para prestar socorros a los numerosos habitantes de la propiedad, los bomberos concretaron su trabajo a impedir el incendio de las casas vecinas. De las trescientas personas que allí vivían, más de un centenar fueron víctimas de las llamas, quedando carbonizadas entre los escombros o escapando con graves quemaduras. Otras personas se arrojaron por los balcones y murieron o quedaron gravemente heridas.

La prensa y la sociedad han reunido socorros para los damnificados.

Los representantes de Valparaíso en el Congreso han solicitado un auxilio fiscal de 50 mil pesos; y se ha instruido un activo proceso a fin de esclarecer las presunciones de que el incendio fuera intencional. Hasta ahora las diligencias no arrojan resultado decisivo, y es de creer que una vez pasada la excitación pública, todo vuelva a quedar en las condiciones de inseguridad en que hasta ahora permanecen las poblaciones por falta de elementos capaces de evitar una catástrofe.

No esperemos que se repita

¿Cuántas personas murieron en el incendio del 5 del corriente en Valparaíso?

No se ha sabido de fijo. Pero se conoce el número de familias desamparadas, la privación absoluta de recursos en unas, el desastre moral no menos traducible en pérdidas de intereses en otras. Por sus proporciones, por la rapidez asoladora del fuego, por las escenas de dolor y de desesperación que provocó el incendio al abrasar por todos sus costados un edificio en que albergaba la población de una aldea entera; la catástrofe de Valparaíso puede compararse en horror a esos desastres marítimos en que el buque aislado como aquel edificio, por una cortina de llamas, sirve de tumba a cuantos lo ocupaban. Ha sido más horrible aún; un naufragio al alcance de la tierra, con todos los recursos humanos muy cerca de allí, pero sin que casi nadie de los que sufrían en la impotencia el espectáculo de la agonía de centenares de personas, pudiera favorecerlas y aliviar su sufrimiento.

Valparaíso estuvo durante varios días sumido en el estupor de esa nueva desgracia, tan inesperada por sus proporciones y que probablemente no tenía antecedentes parecidos desde el incendio de la Compañía, más de medio siglo atrás. La prensa acompañó con toda su alma el duelo porteño, y surgió rápidamente la idea de socorrer con recursos públicos y privados a los sobrevivientes de la catástrofe. Esto es sólo el cumplimiento de una parte de nuestro deber.

Cumplido ese homenaje piadoso a favor de los deudos de tanta gente sacrificada a la codicia, seguía subsistente y más imperativo aún, el deber de velar por todos los vivos que quedan en situación de peligro semejante en Valparaíso y Santiago y en otras ciudades del país. Se ha denunciado desde luego una enorme construcción de tablas que cubre la falda del cerro frente a la plaza Condell del puerto, y periódicamente no faltará quien haga presente la inminencia de un desastre en los innumerables teatrillos, cites y demás construcciones inadecuadas de una y otra ciudad. ¿Se ve ahora claro lo que sería cualquiera de esos castillos de madera si el fuego prendiera en ellos? ¿Se han preguntado las autoridades lo que podría ocurrir en las ciudades del norte si los criminales fueran ayudados por las circunstancias en la obra de incendiar poblaciones de calles angostas, de tabiques resecos y con dotación de agua insuficiente hasta para la bebida? Y las casas de Valdivia y Temuco; ¿no podría repetirse la catástrofe un día u otro en esas mismas ciudades o en otras de la zona austral construidas como ellas?

Al legislador toca recoger la experiencia que el público impresionable olvida tan rápidamente como llegan a conmoverle las desgracias de sus semejantes, sin mirar bastante por su propia seguridad.
Fuentes: Pacífico Magazine, 10 Mayo de 1914 / Cuerpo de Bomberos de Valparaíso

 

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