Publicaciones
Inicio » Publicaciones Historicas » Incendio del Portal de Sierra Bella Actual “Fernandez Concha”
6 p208 portal de sierrabella 1869004

Incendio del Portal de Sierra Bella Actual “Fernandez Concha”

Unos cuantos minutos antes de la media noche, la gran campana del Cuartel General de Bomberos hizo oir su voz tan sonora como lúgubre,  poniendo  á toda la población  en alarma,  la que tomó proporciones  colosales  cuando  los  resplandores  de  una  gran hoguera iluminaron á la ciudad.

Solamente habían transcurrido cinco años desde la catástrofe de la Compañí a, y en ese tiempo no se había vuelto a presenciar una hoguera como la que nuevamente amenazaba á la ciudad en su parte más central.

Los bomberos corren presurosos á sus cuarteles y conducen su material  al  recinto  amagado,  con  los  bríos  que  despierta  el poderoso enemigo cuando se tiene la resolución de vencerlo.

El   Comandante   está   ya   en   el   campo   de   batalla   eligiendo posiciones  y  tomando  todas  las  precauciones  que  la  terrible hoguera hace necesarias.

Los jefes de las compañías se disputan las mejores  colocaciones para rodear al enemigo y atacarlo en todos sus reductos.

El  éxito  depende  exclusivamente  de  la  prontitud  con  que  se consiga dirigir sobre la hoguera los primeros chorros de agua, por medio de los cuales se ha de impedir el avance de las llamas.

Los bomberos de hachas y escaleras han asaltado ya  el edificio incendiado, y dominándolo desde las mayores alturas trabajan esforzadamente en aislar la parte invadida por el fuego, del resto de la manzana, abriendo brechas en la techumbre para impedir la propagación de las llamas.

Pero  el  enemigo  se  hace  a  cada  instante  más  fuerte,  y  no  se consigue  arrojar  una  sola  gota  de  agua.  Cada  segundo  que transcurre sin disponer de ese elemento, da mayor voracidad á la hoguera y le permite aumentar impunemente sus estragos.

Pasan algunos minutos y en ninguna parte se ve surgir ni un solo chorro de agua… Los bomberos van y vienen, corren de un punto á otro y en ninguna parte encuentran el elemento salvador que ha de permitirles conjurar el peligro No hay agua en ninguna de las acequias centrales… Todas ellas han sido destruidas para reconstruirlas en conformidad al nuevo plan de acueductos…

Los pilones de la Plaza, surtidos por la cañería de agua potable, se agotan  en  corto  tiempo  y los  bomberos  quedan  reducidos á la impotencia.

La Plaza de Armas se hace más estrecha á cada momento para contener a la multitud de gente que atraída por los ecos de las campanas de alarma y por las rojizas llamas de la hoguera, contempla   con   estupor   el   imponente   espectáculo   del   gran incendio   que   crece   y   crece,   extendiéndose   desde   la   calle Ahumada hasta la del Estado, y amenazando propagarse á las propiedades que ocupan el resto de la manzana hacia la calle de Huérfanos.

Resuélvese al fin descubrir y romper la cañería de agua potable para surtir á las bombas, y se consigue emprender el ataque en buenas  condiciones  cuando  todo  el  Portal  es  ya  presa  de  las llamas.

La  1a.  Compañía  de  Bomberos,  que  posee  la  única  bomba  á vapor,  trabaja  desesperadamente  en  la  calle  Ahumada  a  fin  de salvar el valioso almacen de Zamora, lo que se consigue después de inauditos esfuerzos.

El Pasaje Bulnes (hoy Pasaje Matte) está en inminente peligro. A cada momento aparece el fuego en los almacenes más inmediatos á la hoguera, pero es sofocado por las Compañías  que han sido destinadas especialmente á salvar esa importante propiedad.

Después  de  muchas  horas  de  trabajo  incesante  y  fatigoso,  el Cuerpo de Bomberos logra conjurar el peligro de propagación del fuego  a  los  edificios  colindantes  con  el Portal,  y  arrebata a la hoguera  importantes  edificios  y  cuantiosos  valores  en mercaderías.

 Esa primera de las grandes jornadas que ha hecho el Cuerpo de Bomberos, á pesar de las condiciones tan desfavorables en que hubo de realizarla, le atrajo grandes simpatias y le despejó un brillante horizonte para el porvenir.

Fué edificante para la población el espectáculo nunca visto en la capital, de muchos cientos de hombres de todas edades y condiciones, de los jóvenes más distinguidos y de los obreros más cultos, rivalizando en el trabajo durante más de un dia y dando ejemplo práctico de los deberes que impone la sociabilidad  en defensa de los Comunes intereses.

No se había presenciado todavía en la capital una prueba tan resaltante   de   los   beneficios   que   se   podian   esperar   de   la Asociación de los hombres de buena voluntad para combatir los incendios,

El Cuerpo de Bomberos fué objeto de las más entusiastas manifestaciones.

La prensa aplaudió sin reservas los servicios que presto en ese siniestro. El diario el Ferrocarril le consagró el artículo editorial que insertamos más adelante.

Los  propietarios  beneficiados  hicieron  erogaciones extraordinarias.

Los pormenores del incendio fueron narrados por la prensa en tos términos siguientes, que copiamos del diario El ferrocarril de los dias 2 y 3 de Junio de 1869:

 «A las once tres cuartos de anoche se declaró el fuego en el portal de   Sierra   Bella   y   produjo   un   voráz   incendio   y   pérdidas incalculables. El enemigo prendió en la Sastrería Europea de don A. Blin, esquina de la calle Ahumada. Fué imposible contenerlo. A la hora en que escribirnos, las tres de la mañana, se ha perdido todo  el  portal  de  Sierra  Bella  y  tiendas  adyacentes  y  está amenazando seriamente el portal de Bulnes. Por el lado de la calle Ahumada,  principió  á  quemarse  la  mercería  de  don  Manuel Zamora, pero ya el fuego va vencido y parece que no cundirá por este lado. Sin embargo, el peligro es inmenso si el pasaje Bulnes es tomado por el enemigo. Las bombas trabajan con actividad, y las llamas suben á una altura sorprendente.

A consecuencia del trabajo de nivelación de las acequias, no había agua en la plaza en los primeros momentos, hasta que á costa de gran trabajó y diligencias se pudo conseguir el agua potable que surte los pilones para que los bomberos pudieran hacer eficaces sus servicios. He aquí una lista de algunas de las tiendas incendiadas, que por el instante recordamos:

 

Frente a la Plaza:

  • Sastrería Europea de don Alfonso Blin. Zapatería de don Baldomero Cruz.
  • El anticuario de don Gabriel Cueto. Una peluquería.
  • Tienda don Márcos Ortíz. El Casino del Portal.
  • Una tienda de tripes de don Bonifacio Ormeño.
  • Sastrería de Pigatti.
  • Almacen de música de don Juan Krausse, Tienda de don Juan A. Martínez.
  • Tienda de don Alejandro Abasolo.
  • Una tienda de sederías de don José María Anrique. Tienda de don Calixto López.
  • Una tienda de cuadros al óleo. Tienda de don Estévan García.
  • Y como veinte baratillos, todos muy bien surtidos.

 

Por la calle Ahumada:

Tienda de modas de señoras. Mercería del Gallo, de don G. Cádiz. Es de advertir que esta lista es una pequeña nómina de las tiendas y almacenes incendiados y que por consiguiente faltan muchos otros de que dar cuenta.

Lo  salvado  del  voraz  elemento  es  sumamente  insignificante: puede decirse con toda seguridad  que las tiendas, almacenes  y baratillos  se  han  quemado  á  puerta cerrada.  Igual  cosa  ha sucedido con las veinte ó más habitaciones que existían en los altos.

Fué  tal  la  rapidez  del  fuego  que  muchos  comerciantes  no  han tenido tiempo ni para sacar el dinero que tenían en los cajones. Los  esfuerzos  de  bomberos  y  paisanos  se  dirigieron exclusivamente á combatir el voraz elemento.

En vista de este horroroso incendio que ha reducido á la mayor miseria   á   muchos   comerciantes   honrados,   que   hacían   sus negocios por menor, don Alejandro Abasolo se ha dirigi do á esta imprenta para advertir el bien tan grande que haría el vecindario de  esta  ciudad,  haciendo  una  suscripción   para  proporcionar medios   de   trabajo   á   tanta   persona   que   ha   quedado   en   la indigencia.

Al efecto, el mismo señor Abasolo encabeza la Suscripción con la cantidad de 400 pesos.

Como no dudamos que este llamamiento tendrá una buena aceptación, avisamos que la suscripción se recibe en la calle del Estado, frente al Hotel Inglés, á donde ha trasladado su tienda el señor Abasolo.

A las tres y media de la mañana el fuego parece que ha cesado en todos los lugares amagados, después de haber causado daños de poca consideración en el pasaje Bulnes, por el lado de la plaza.»

 

 

En el número del dia 3 de Junio agregaba El Ferrocarríl:

«La plaza principal ofrecía anoche un penoso y tristísimo espectáculo:  el  hermoso  portal  de  Sierra  Bella  se  encontraba reducido a escombros en toda su extensión, sin que ninguno de sus departamentos hubiera escapado de tan general y desastrosa ruina. No se le podí a contemplar sin un sentimiento de profunda tristeza, pues allí se comprendía el dolor de innumerables familias sumidas de improviso en la miseria.

Aún no se ha podido averiguar la causa de tan terrible siniestro, pues lo más que se sabe es que principió el fuego por la Sastrería Europea, á las once y media de la noche. A esa hora se encontraba en la plaza don Marcos Ortiz, dueño de una de las tiendas que se quemaron completamente. Habiendo notado que salía humo de la sastrería mencionada, corrió al cuartel de bomberos y trajo una bomba con la que, ayudado de otros, intentó sofocar el fuego.

Desgraciadamente,  tan pronto como se abrió la puerta el fuego tomó un incremento extraordinario, derramándose en todas direcciones con espantosa voracidad. Viendo su impotencia para vencer el peligro, el señor Ortiz volvió al cuartel para tomar una hacha  con  que  abrir  la  puerta  de  su  tienda;  sin  embargo,  a su regreso le fué ya imposible trabajar en ella, por que las llamas lo habían invadido todo.

Los concurrentes al teatro, que se retiraban en ese momento, acudieron  presurosos  á  prestar  auxilio,  y  las  compañías  de bomberos   no   se   hicieron   aguardar.

No   obstante,   todos   los esfuerzos  fueron  inútiles,  tanto  por  la  voracidad  del  incendio como por la falta de agua con que se tropezó en la primera hora y que impidió completamente todo auxilio. Fué preciso cortar la cañería matriz del agua potable para proporcionarse ese indispensable elemento. Lo más que se había podido hacer ántes era  situar  el  bombín  del  pasaje  Bulnes  en  el  interior  de  este edificio para refrescar su enmaderación, operación que surtió excelente efecto, pues se puede decir que salvó esa valiosa propiedad.

En esos momentos el incendio presentaba un espectáculo imponente,  casi  aterrador.  Una  inmensa  lengua  de  fuego  se extendía por todo el portal, agitándose violentamente por las poderosas   corrientes   de   aire   que   ponían   en   movimiento   y empujaban  el fuego. La llama se volvía en todas direcciones  y salía de una puerta para penetrar por otra como si hubiera tenido una especie de instinto fatal que la llevaba á consumar la ruina. Se echaba sobre los baratillos y en un instante los convertía en brasas Azotaba las columnas, bramaba con eco tremebundo, y subía en inmensas espirales hasta desvanecerse en el aire para ser reemplazada   al   instante    por   otras   no   menos   terribles   y devoradoras.

 Este  espectáculo  conmovedor  era  presenciado  por  una concurrencia  inmensa  de  toda  clase  de  personas  que  habían acudido de todos los barrios de la ciudad. Entre ellas se podía notar el dolor, la desesperación, las lágrimas de los infelices que quedaban sin pan y que veían consumirse su único patrimonio sin poder hacer nada para salvarlo.

Mientras tanto los bomberos trabajaban con un arrojo digno del mayor  encomio,  á  pesar  de  que  veían  la  impotencia  de  sus esfuerzos  desesperados.  Siendo  imposible  salvar  ya  nada  del portal de Sierra Bella, reconcentraron sus trabajos en el portal de Bulnes, amenazado inminentemente y que parecía imposible preservar, felizmente se logró ese importante objeto, pues el fuego se separó al llegar á la puerta del pasage para continuar su devastadora acción en el lado opuesto.

Aquello parecía un milagro, esto es, lo inverosímil, lo imposible. Se veía y no se le podí a dar crédito. A cada instante creía uno ver convertida en una inmensa hoguera  la hermosa propiedad de los señores Mac Clure y Ca.

Merced a tales esfuerzos se pudo al fin dominar el fuego y salvar las propiedades vecinas. Sin embargo, en estas se sufrió también bastante, porque fué necesario desocuparlas  de sus mercaderías con gran deterioro de la mayor parte de ellas.

Una pequeña parte de lo incendiado se hallaba asegurado.»

De la actitud del Cuerpo de Bomberos en ese desastroso incendio, da elocuente testimonio el artículo editorial en que se encomió el trabajo   valiente   y  abnegado   de  todos   los   miembros   de  la asociación, cuyos esfuerzos no pudieron arrancar de las llamas los valiosos  intereses  destruídos,  a  causa  de  circunstancias enteramente estrañas á la acción de los jefes y voluntarios.

 Todos trabajaron con igual energía y todos desafiaron los peligros de la jornada sin reparar en la inutilidad de sus esfuerzos para procurarse el agua en los primeros momentos, cuando habría sido posible contener y dominar el fuego.

Con todo, se debió exclusivamente al Cuerpo de Bomberos la salvación del Pasage y la de todas las propiedades y casas de comercio que ocupaban el resto de la manzana.

 

El editorial de El Ferrocarril á que hemos aludido, decía:

« La dolorosa y terrible catástrofe de que la capital ha sido teatro antenoche, ha sido también un espléndido triunfo para la abnegación, constancia y denuedo desplegados por el heróico Cuerpo de Bomberos.

Los valientes defensores de la propiedad ocurrieron con presteza y oportunidad al lugar del siniestro y sin duda que sus servicios habrían sido compensados con mayor éxito, si causas independientes   de   su   voluntad   no   les   hubieran   impedido maniobrar desde luego.

Mientras demoró el agua para dar movimiento á las bombas, los bomberos consagraron sus esfuerzos á aislar el incendio, cortando los edificios en diferentes direcciones. Tanto en esta tarea como en la de combatir el fuego, todas las Compañías desplegaron una noble emulación.

Después  de  haber  trabajado  sin  interrupción  durante  toda  la noche, hasta dominar el voraz elemento que amenazaba tomar proporciones más gigantescas, todo el día de ayer lo emplearon en extinguir el fuego de los escombros que; por momentos producían sérias alarmas.

Es preciso contemplar esta heróica lucha de nuestra juventud, arrostrando denodada y alegre los más graves peligros, para formarse una idea cabal de su valentía, abnegación y noble desempeño. Cuanto se diga en su elogio es un merecido homenaje de extricta justicia.

El Cuerpo de Bomberos, cuya brillante hoja de servicios es un timbre de honor para la capital, se ha hecho una vez más acreedor al reconocimiento y admiración del vecindario. Cuando se vé el celo  y  entusiasmo  que  desplegan  para  llenar  su  filantrópica misión, el amor propio nacional se siente orgulloso de poseer en su  seno  una  institución  tan  benéfica  servida  por tan intrépidos defensores de la propiedad.

Nos es grato hacernos intérpretes del sentimiento público dando un  voto  de  gracias  al  Cuerpo  de  Bomberos  por  su  terrible  y hermosa   campaña   de   antenoche.   Sin   los   prodigios   de   su abnegación y heroismo, los estragos del incendio habrían sido de mayores y más fatales consecuencias.

El centro más bello y más valioso del comercio habría quedado reducido á escombros como el portal de Sierra Bella, sin la inteligente y oportuna dirección dada á los trabajos. Se atacó al voraz elemento por todos extremos, estrechándolo en un circulo de agua inespugnable y quitándole toda comunicación, hasta reducirlo á la impotencia. Tanto más difícil era esta tarea, cuanto que por todas partes habían sobrados elementos de conflagración.

La reciente heróica campaña del Cuerpo de Bomberos, no solo honra el mérito individual  de cada uno de sus miembros,  sino también  la  previsora  dirección  y  el  plan  de ataque  empleados contra tan terrible enemigo. Honor, mil veces honor á los invencibles defensores de la propiedad.»

 

ISMAEL VALDES VERGARA.

ILUSTRACIÓN: ANTONIO MÁRQUEZ ALLISON

Acerca de Segundino

Ver además

img_6170

Los bomberos de Santiago y la epidemia del cólera en 1886

La muerte fue un factor omnipresente en la sociedad chilena de la segunda mitad del ...

casa-pra

El trágico derrumbe del edificio “Casa Prá” en 1904

Días atrás se produjo un derrumbe en una construcción en la comuna de Las Condes, ...