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Incendio de la maestranza del cuartel de artillería

El desarrollo de las operaciones bélicas de la Guerra del Pacífico absorbía, como es natural, la atención de todos los habitantes de la ciudad de Santiago en los comienzos del año 1880. La atrevida expedición a Moquegua de 550 soldados chilenos sin encontrar la más pequeña resistencia a lo largo de los cien kilómetros penetrados en territorio peruano, era el comentario obligado de todos aquellos que desde la capital seguían con el pensamiento la marcha victoriosa de la bandera nacional.

Pero una catástrofe debía venir a poner una nota de dolor en el ambiente sereno y optimista con que los santiaguinos veían acercarse la completa destrucción del enemigo. En la mañana del día 27 de Enero del año recordado, una violenta explosión producía un devastador incendio en el Cuartel de la Artillería, que servía de parque y maestranza de aprovisionamiento del ejército expedicionario. La fuerza de la explosión y de las materias inflamables convirtió en pocos momentos en un verdadero volcán el establecimiento e hicieron volar por los aires dos departamentos de él, produciendo horrible muerte a los obreros que allí trabajaban.

La detonación de las explosiones produjo, como es de suponer, la consiguiente alarma en la ciudad y un verdadero pánico entre los habitantes de las inmediaciones del Cuartel, que en busca de seguridad para sus vidas huían despavoridos en todas direcciones.

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La movilización del Cuerpo de Bomberos Armado no se hizo esperar, y dejando los voluntarios las armas mortíferas que habían tomado para servir a la patria, volvieron a coger las armas de paz que solían manejar para servir a la ciudad.

La lucha fue ardua y llena de peligros, siendo el mayor el de que el fuego alcanzara hasta el polvorín e hiciera saltar a una parte de la ciudad, sino a toda ella. Pero el arrojo de los bomberos pudo más que el fuego, y éste se rindió después de algunas horas de incesante trabajo.

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El servicio que el Cuerpo prestó en esa ocasión a la ciudad de Santiago fue el más señalado de todos cuantos le ha prestado a través de los 75 años de existencia, pues en ningún otro incendio los habitantes de la capital han estado expuestos a tan ciertos e inminentes peligros. Y no sólo la ciudad fue beneficiada con la labor del Cuerpo; también lo fue la República que, gracias a esa labor, vio salvado el material bélico con que contaba para proveer a sus ejércitos en campaña.

La I. Municipalidad, haciéndose eco del aplauso con que fue premiado el trabajo de los bomberos, acordó entregarles una medalla conmemorativa que recuerda la heroica jornada.

 

En aquel entonces los Oficiales Generales del Cuerpo eran:

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  • Superintendente: Don José Besa de las Infantas (1° Compañía)

Pedro Montt Montt

  • Secretario General: Don Pedro Montt Montt (6° Compañía)

 

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  • Comandante: Don Carlos Rogers G. (5° Compañía)

TULIO OVALLE

  • 2° Comandante: Don Tulio Ovalle G. (2° Compañía)

 

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  • Vice-Superintendente: Don Antonio del Pedregal (6° Compañía)

 

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  • Tesorero General: Don Juan Domingo Dávila Larraín (1° Compañía)

 

 

Para este incendio asistieron las ocho compañías con las que contaba el Cuerpo de Bomberos  en la época:

1882-502Primerinos posando sobre la Ponka

  • Primera Compañía

 

BOMBA ESMERALDA 1869-1897

  • Segunda Compañía “ESMERALDA”

 

 

 Poniente blanckandwhite

  • Tercera Compañía “Claro y Abasolo”

 

POMPE FRANCE

  • Cuarta Compañía “Pompe France”

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  • Quinta Compañía “Arturo Prat”

 Primer portaescala de la Sexta-En servicio en 1887

  • Sexta Compañía “Salvadores y Guardias de Propiedad”

 Carro grande y carro chico portaescalas año 1881

  • Séptima Compañía “Zapadores Franco-Chilenos”

 

6a y 8va compañias

 Octava Compañía “Unión es Fuerza”

 

27 DE ENERO DE 1880.

LIBRO DE GUARDIA DE LA SEGUNDA COMPAÑÍA

DEL CUERPO DE BOMBEROS DE SANTIAGO

 

A las 9.25 a.m. del día de hoi dos terribles estampidos anunciaron a Santiago que algo mui terrible había pasado.

Con la rapidez del rayo se difundió por la ciudad la noticia que el Cuartel de Artillería había volado.

La Campana anunció también a los bomberos que se exigía su presencia en aquella catástrofe.

Pocas veces las Compañías habían salido con la celeridad que en esta ocasión.

Nuestra Compañía, que fue de las primeras en llegar, armó en la plazoleta que da al costado oriente del Cuartel de Artillería.

Una vez que entramos al patio del Cuartel, que da a la calle de bastro, i en el que estaban las salas de artificio, lugar del siniestro, pudimos darnos cuenta de lo que había pasado; aquello se asemejaba a ruinas causadas por un terremoto.

Colocamos un pitón en una sala inmediata a aquella en que se había producido el accidente. Habiendo en este departamento una inmensa cantidad de municiones, granadas i una buena cantidad de pólvora, i habiendo caído en ella una buena porción de escombros ardiendo, era eminente el peligro. Afortunadamente en poco tiempo este había pasado, gracias a la cantidad de agua arrojada.

Entre tanto, otras Compañías refrescaban el polvorín en el cual había próximamente de 200 a 300 quintales de pólvora, otras apagaban los restos de la sala que había volado.

Era tal la idea que se había esparcido del peligro que había, que cuando las Compañías corrían al lugar del incendio recibían hasta suplicas para que no fueran en busca de la muerte, según decían. Pero si alguna vez ha dado el Cuerpo de bomberos de Santiago pruebas de que tratándose del cumplimiento del deber la vida de sus miembros es lo secundario, ha sido en este caso. Hubo un momento en que la voz de que el fuego había llegado al polvorín, la inmensa concurrencia que había en el cuartel, loca de terror, se precipitó como una avalancha hacia las puertas de salida. En este momento en que hasta los centinelas, olvidándose de la disciplina i la consigna, abandonaron sus puestos, solo los bomberos se mantuvieron firmes y serenos.

A las dos de la tarde todo peligro había pasado, a esa hora se removieron los escombros i se estraian los cadáveres de los operarios que habían muerto.

El número de estos es el de veinte más o menos. En esta triste operación se descubrió también entre los escombros una verdadera mina de granadas cargadas i cito, en el mismo punto donde habían estado colocados algunos pitones.

Cuando ya se pudo distraer algún tanto nuestras fuerzas del Cuartel, recibimos órden de colocar otro pitón en una casa del frente a éste, i en la que por efecto, según se nos dijo, del estallido de una granada se había producido un incendio. Media hora de trabajo bastó para estinguirlo por completo.

A las seis de la tarde recibimos la orden de retirarnos, quedando desde esa hora hasta las doce de noche, de guardia la 1° y 3°, a quienes en suerte había cabido este servicio.

A las ocho de la noche se reunió el Directorio, i acordó manifestar a todas las Compañías la complacencia con que había visto el servicio prestado por el Cuerpo, i que éste se hiciera constar en las hojas de servicios.

 

 

 

27 DE ENERO DE 1880.

LIBRO DE GUARDIA DE LA TERCERA COMPAÑÍA

DEL CUERPO DE BOMBEROS DE SANTIAGO

 

A las 10:15 A.M. Se dio la Alarma de Incendio en el 4º Cuartel. El lugar del Incendio era el Cuartel de Artillería donde había tenido lugar una explosión de la pólvora con que se llenaban los “saquetes”, esta se inflamó i estallaron un sinnúmero de granadas.

Nuestro Material llegó al lugar amagado a las 10:30 A.M. dando agua a los diez minutos después.

Después de un constante i penoso trabajo se extinguió el fuego a las 12. A la media hora después se retiraron todos los Bomberos dejando su material en la Artillería, a donde quedaron citados para reunirse nuevamente a las 6 PM.

Desde esta hora nuestra Compañía quedó de Guardia hasta las dos de la mañana, hora en que regresó al Cuartel con la Bomba de Vapor, pues la de palanca se había traído a las 12:40 P.M.
No ha ocurrido desgracia personal a ningún miembro de la Compañía, ni al Cuerpo en general.
La Bomba de vapor se coloco en la calle Castro a una cuadra de la Artillería, i se estendieron mangueras hasta el polvorín colocándose el pitón sobre la muralla de circunvalación de este i a dos metros de distancia ocupándose solamente en refrescar sus murallas evitando de esta manera en que se vio de estallar. Después de pasado este peligro se colocó el pitón entre el taller de granadas i artificios i el salón de depósitos, ocupándose exclusivamente en extinguir el fuego que había en ese lugar.

“Durante todo el incendio i aún en los momentos de mas peligro, sobre todo cuando se creyó que el Polvorín iba a estallar, nuestros Voluntarios no abandonaron por un solo momento el lugar donde se les había colocado, ni entregaron a personas estrañas el pitón que se había confiado a su cuidado, mostrando una sangre fría i valor que merece elogios”.

 

Con motivo del Incendio nuestro material ha sufrido los siguientes deterioros:

 

Un perno de la Bomba Palanca.

Una tuerca de un perno del 2º Gallo.

Una cama de la rueda chica del primer Gallo.

 

Bomba a Vapor:

Un tubo roto, una cama i dos rallos quebrados.

Dos faroles de los manómetros.

Cuatro tiras de mangueras rotas.

 

 

 

 

 

Fuente: Cuerpo de Bomberos de Santiago por Ernesto Roldán.

Archivos Segunda Compañía de Bomberos “ESMERALDA” del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Archivos Tercera Compañía de Bomberos “Claro y Abasolo” del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Archivos Quinta Compañía de Bomberos “Arturo Prat” del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Archivos Sexta Compañía de Bomberos “Salvadores y Guardia de Propiedad” del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

 

Archivos del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

 

 

 

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