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Ignacio Carrera Pinto un guerrero Primerino

En la antigüa revista mensual En Viaje, en su edición Nº 333 de Julio de 1961 aparece una crónica de Manuel Gandarillas, que me parece una buena ocasión para compartirla y cuyo título dice: “Intactos se conservan los corazones de los héroes después de 79 años”.

“Los corazones de los cuatro Oficiales que cayeron heroicamente en el Combate de la Concepción los días 9 y 10 de Julio de 1882 se conservan en perfecto estado en el monumento de mármol que se levanta en la nave norte, inmediata a una de las puertas de la Catedral de Santiago.

La creencia más generalizada es que la pequeña urna de mármol guarda solo las cenizas o los restos de los corazones transformados por el tiempo en unas vísceras rugosas, ennegrecidas e indefinibles.

No hay tal. Los corazones de Ignacio Carrera Pinto, Julio Montt Salamanca, Arturo Pérez Canto y Luis Cruz Martínez se conservan intactos a pesar del tiempo transcurrido, nos cuenta Monseñor Víctor Barahona, Secretario del Cabildo Metropolitano y Notario de la Catedral, prelado que por su larga permanencia en estos cargos, conoce la iglesia palmo a palmo y es la historia viviente del primero de nuestros templos.

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La urna no guarda cenizas, sino los cuatro corazones de los héroes en perfectas condiciones, agrega Monseñor. Se conservan así gracias a una solución de alcohol (formalina) y cada corazón está guardado independientemente con su nombre respectivo en una pequeña redoma de cristal. Los corazones son de tamaño de un puño y la última vez que los vi, eran de un color amarillento oscuro.

¿Dice Ud. que los vio, Monseñor?. La urna se abre cada cierto tiempo para renovar el alcohol de las redomas. No hace mucho que realizamos esta operación y los vi con mis propios ojos. La urna está llena de aserrín y las pequeñas redomas, así acolchonadas, están protegidas de posibles golpes ocasionados por temblores u otros accidentes.

Los historiadores relatan el Combate de la Concepción hasta el momento en que cayó acribillado a balazos el último héroe, el Subteniente Luis Cruz Martínez, hijo predilecto de Curicó. Después siguen contando otras batallas. No se ocupan para nada de los muertos y los muertos también tienen su historia y muy en especial los corazones de estos cuatro Oficiales del Batallón Chacabuco, 6º de Línea, que comandaron el piquete de la gloria.

¿Quíén, cuando, donde y como?. Estas cuatro preguntas que constituyen parte del abecé del periodismo, nos formulamos frente al monumento en que reposan las reliquias de los héroes y de inmediato nos movilizamos en demanda de las respuestas.

No tuvimos mucho que rastrear, pues la historia humana que nos interesaba, la recogimos de los doctos labios de Monseñor Barahona, quien conoció a un soldado veterano del 79, a quien le cupo la fuerte y honrosa tarea de extraer los corazones de los cadáveres a fin de conservarlos para la posteridad.

El Secretario del Cabildo se culpa y con razón, de no haber recogido el nombre de este soldado oscuro y desconocido que pudo haber pasado también junto con los héroes, al recuerdo permanente de las generaciones.

A Monseñor Barahona, en una charla al margen de las prácticas religiosas, el veterano le contó el comienzo o la primera parte de la historia de los cuatro corazones.

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Cuando llegaron a La Concepción los refuerzos chilenos y se hallaron frente a los restos de los 72 héroes, hubo un breve Consejo de Oficiales, en el cual se acordó conservar los corazones de los jefes y dar piadosa sepultura a todos los cadáveres. Esto último se hizo en la quemada iglesia de La Concepción.

La operación de extraer los corazones fue tarea ardua y difícil. En ese momento no había un médico que pudiera intervenir y los jefes tuvieron que solicitar un voluntario.

Salió tres pasos al frente un muchacho vistiendo el pantalón rojo y la casaca azul del antigüo uniforme y dijo con energía: ¡Yo me atrevo mi Capitán!. ¿Tendrás valor muchacho?. Antes de engancharme en la milicia fui matarife, mi Capitán!. Procede con cuidado… hay que sacar los cuatro corazones intactos. ¡Enteritos mi Capitán!. Empieza con el Capitán Carrera. El muchacho saludó militarmente y desenfundando el clásico corvo, abrió el pecho y extrajo el gran corazón carrerino que fue depositado con respeto en un tarro duraznero lleno de aguardiente. Igual operación se hizo con los otros tres cadáveres.

Estafetas especiales, con escolta de honor, trasladaron los modestos tarros durazneros a Lima, donde los corazones fueron colocados en cuatro redomas de cristal y enviados a la patria.

Primeramente los corazones fueron depositados en la Gratitud Nacional a iniciativa de don Ramón Ángel Jara, para recibir allí la veneración de los chilenos. En ese tiempo, aún no llegaban los Salesianos.

Más tarde, en 1900, las reliquias fueron reclamadas por el Ejército y llevadas a un museo militar, adyacente al Cuartel de Artillería. Y allí estuvieron hasta 1911, en que fueron llevadas en solemne procesión patriótica al monumento en que hoy descansan en la Catedral de Santiago.

Este traslado se hizo gracias a las gestiones de la Liga Patriótica formada por Veteranos que presidía don Domingo de Toro Herrera, hermano de Emilia Toro Herrera, casada con José Manuel Balmaceda Fernández, Presidente de Chile y de Carlos Toro Herrera, Primerino por 6 años, 10 meses y 2 días entre 1887 y 1895, ex Comandante del Batallón Chacabuco y Secretario era don Oscar Gacitúa. Estos caballeros pidieron oficialmente al Arzobispo don Juan Ignacio González Eyzaguirre y al Ministerio de la Guerra, que se entregara la guarda y custodia de estos corazones a la iglesia chilena.

El Arzobispo respondió accediendo y expresando que era un honor y una distinción para la Catedral acoger tan significativo monumento en una de sus naves.

El monumento se hizo en el mes de Junio de 1911 y los corazones fueron colocados un mes más tarde, el 9 de Julio en una impresionante ceremonia al cual asistieron el Presidente de la República don Ramón Barros Luco, Ministros de Estado, Cuerpo Diplomático, Magistrados, funcionarios, dignidades eclesiásticas, público y las tropas de la Guarnición.

El panegírico de los héroes estuvo a cargo del gran orador don Clovis Montero.

El traslado de los corazones por disposición del Ministerio de la Guerra, fue realizado por una comisión formada por el ex Comandante del Batallón Chacabuco don Domingo de Toro Herrera y de los Generales Estanislao del Canto, Elías Yáñez, José María Bari y del Contralmirante don Arturo Fernández Vial”.

Es preciso señalar que el Capitán Ignacio Carrera Pinto fue Voluntario de nuestra Compañía en dos períodos por 2 años 3 meses y 24 días, entre 1868 y 1870. Otro de los héroes, don Julio Montt Salamanca tuvo a su hermano Roberto Montt Salamanca en nuestras filas por 40 años, 10 meses y 28 días, entre 1883 y 1932.

 

Enrique Pérez Dreyse
Secretario Primera Compañía CBS

Cuartel Primera, Mayo del 2013.

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