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Nicanor Castro, 1º Cuartelero General del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Hoy 24 de junio, se cumplen 101 años del fallecimiento de quien fuera el “Primer Cuartelero General” del Cuerpo de Bomberos de Santiago, que cumplió eficientes servicios entre los años 1863 y 1914.
Desde los primeros días de la organización del Cuerpo, Nicanor Castro, modesto hijo de pueblo, había sido el Cuartelero General, el Campanero, el Mayordomo, el Cocinero, el Cochero, el Servidor de todos los menesteres que requería el orden interno del Cuartel General y, por sobre todo, el hombre celoso en el cumplimiento de sus obligaciones y respetuoso con todos los jefes que tuvo a través de sus 50 años de brillantes servicios a su querido Cuerpo de Bomberos de Santiago.

 
Nicanor Castro, tenía sus habitaciones en la torre mayor (*), del antiguo Cuartel de Húsares, entregado al Cuerpo de Bomberos de Santiago a su fundación y cuya ubicación era la misma de hoy en calle Santo Domingo y puente. Este distinguido servidor de la Institución vivía justo bajo la gran campana y sujeto fuertemente al extremo de una cuerda, se colgaba de un trapecio que movía el badajo con isócrono movimiento produciendo el ronco tañer de “la Paila” ante la ocurrencia de algún Incendio o emergencia, como el terremoto del 16 de agosto de 1906 a las 7,55 de la tarde. El violento sismo derribó algunas casas en Santiago dañando casi todos los edificios. El antiguo cuartelero subió a la torre a tocar “la Paila” en pleno terremoto. Esa noche se declararon 3 incendios. La ciudad quedó aislada y sin noticias del resto del país.

Nicanor Castro Cuartelero General 1863-1914

Pero los achaques de la edad habrían de vencerlo algún día, y llegó para Castro el triste momento en que debió abandonar su querida campana, sus Bombas y todo ese medio en que se había deslizado casi toda su existencia. Tan doloroso como fue para Nicanor Castro su alejamiento, la fue para sus compañeros y testigos de la lealtad, del cariño con que había cumplido su deber a lo largo de medio siglo.

Pero, no era posible que el hombre que por tantos años había servido al Cuerpo fuera a terminar sus días abandonado. Más que la gratitud misma que se le debía, el compañerismo exigía socorrer al viejo servidor en la vejez. Y así se hizo. Se acordó jubilarlo con un sueldo íntegro y gratificarle en forma especial sus buenos y dilatados servicios.

Pero “el árbol trasplantado en la vejez no puede sobrevivir”. Deja en la tierra que le vio crecer sus raíces finísimas que le daban la vida necesaria para sus hojas, sus flores y sus frutos. Así ocurrió al viejo Cuartelero Castro. En el Cuartel General había dejado parte de su existencia y no podía vivir sin estar cerca de las cosas que había cuidado, sin respirar el aire de la alta torre, sin escuchar el ruido de las Bombas en actividad y las voces amigas a que estaba acostumbrado su oído. Castro no podía vivir sino en el pequeño mundo en que había encanecido, y el 24 de junio de 1914, escasamente dos meses después de haber dejado el Servicio, fallecía de pena, de nostalgia, más que las enfermedades que le habían impuesto el retiro.

Sus restos recibieron el homenaje merecido a sus abnegados servicios y el honor reservado a los grandes servidores, de ser acompañados con el tañido de la vieja campana hasta el Mausoleo Institucional, lugar donde descansan sus restos. Era el adiós al amigo de tantos años.

(*) En 1863 el C.B.S. recibe su actual Cuartel General, tres años más tarde (1866) se le construye una torre de madera, la que comenzó a prestar servicios el 1º de junio de 1867. En ella se instala la gran “Campana de Alarmas”.

CUARTEL-GENERAL-CBS1

Esta campana fue mandada a fabricar por el ingeniero y bombero Enrique Meiggs para uso en su faena de construcción del ferrocarril de Valparaíso a Santiago, pero frente a la necesidad de resolver el problema de las alarmas, el entonces 2º Comandante Meiggs, estimó que su campana sería más útil al Cuerpo que a sus obras del ferrocarril y la cedió a la Institución por una módica suma de dinero.

La torre fue diseñada por el arquitecto Fermín Vivaceta Rupio, la financió el Vice-Superintendente Francisco Bascuñán Guerrero y la utilizó el Comandante Ramón Abasolo, para dar la alarma a los siete primeros cuarteles en que Santiago fue dividido. Todos ellos eran bomberos de la Tercera Compañía.

En 1897 la torre construida por Fermín Vivaceta Rupio fue demolida y reemplazada por la que actualmente existe y el sistema que era accionado a mano, en 1910 por acuerdo de Directorio de fecha 5 de febrero de 1908, se procedió a su electrificación.

 

Carlos Carvajal A. Vol. Honorario de Canje 2A Germania CBV

 

 

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