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ARTURO-GLAZIOU

Arturo Glaziou, quinta víctima del deber.

 

El 16 de Enero de 1892 habíase declarado un incendio de vastas proporciones en la calle del Estado esquina nor-poniente con la de Moneda.

La calidad de los materiales de las construcciones vecinas y la escasez de agua para combatir el fuego fueron causa precisa para que éste extendiera sus estragos con gran facilidad, hasta el punto que el material del Cuerpo se hacía insuficiente para atacarlo con eficacia.

Pero estas circunstancias difíciles en que se desarrollaba el trabajo no obstaron, ciertamente, a que los voluntarios, después de ímprobos esfuerzos, lograron circunscribir el incendio y dominarlo por completo.

Terminada la parte mas importante de la labor, cuando quedaba muy poco tiempo para darla por definitivamente concluída, el voluntario de la 4ª. Compañía, Arturo Glaziou, cayó desde lo alto de una escala colocada en la calle Estado, sufriendo una muerte instantánea.

La actuación de Glaziou en las filas de la asociación fué breve, pero luminosa, como que rindió la vida en cumplimiento de la misión de trabajo y abnegación que aquélla le había confiado.

Radicado en Chile desde 1890, había ingresado a la 4ª. Compañía en Abril del año siguiente, siendo ya un hombre en la plenitud de la existencia.

Sábese de él que en su juventud había ejecutado un acto de arrojo en la ciudad de Burdeos, mereciendo por ello una medalla que lucía con justa satisfacción.

Sábese también que años más tarde, siendo soldado en la campaña de Túnez, fué honrado con una medalla al valor militar. Con todos estos antecedentes personales, Glaziou hubo de sentirse naturalmente arrastrado a formar en las filas que el Cuerpo de Bomberos tiene abiertas para los hombres abnegados, de dondequiera que vengan.

El hijo de Francia, salido de los viñedos del Mediodía y curtido por el ardiente sol de África, habría de encontrar su tumba en esta tierra lejana, que ninguna otra caricia había alcanzado a brindarle, aparte de acogerlo con fraternal cariño en el seno del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

En nombre de éste el director de la 6ª Compañía don Carlos T. Robinet, en los instantes de ser sepultados los despojos sangrientos del abnegado voluntario Glaziou, dijo estas elocuentes palabras, refiriéndose al paso fugaz del compañero francés por las filas de la institución: “Felices los que al partir de la tierra dejan en pos de sí, como los astros al ponerse en el cielo, el rastro luminoso de su paso bienhechor”. ¡Hermosas palabras que los amigos del orador habrían de recordar más tarde junto a su tumba prematuramente abierta!.

 

 

ERNESTO ROLDAN

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