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Anibal Pinto Garmendia

Aníbal Pinto, nació en Santiago el 15 de marzo de 1825. Falleció en Valparaíso el 9 de junio de 1884. Hijo del expresidente de la República Francisco Antonio Pinto y de Luisa Garmendia Adunalde. Hizo estudios de Derecho Romano con Andrés Bello; leía el latín; llegó a dominar el francés y a traducir con soltura el inglés y el italiano.

Antes de cumplir los 20 años, en enero de 1845, se dirigió al Europa como oficial de secretaría de la Legación de Chile en Roma, y regresó al país en 1851, después de una residencia de más de cinco años en el extranjero, que influyó en su formación intelectual y política.

El 24 de noviembre de 1855 se casó en Concepción con Delfina Cruz y Zañartu, hija única del general José María de la Cruz, lo cual contribuyó a su carrera política, haciéndolo ampliamente aceptable por la sociedad penquista. Fue diputado por Ovalle entre 1852 y 1855; luego por Parral, por Chillán y por Nacimiento.

En 1862 fue nombrado intendente de Concepción, cargo que desempeñó hasta 1871. En 1870 fue elegido senador suplente por Concepción. En 1871 participó en el primer gabinete del presidente Errázuriz Zañartu. En 1876 fue elegido Presidente de la República, terminando su período en 1881.

Asumió el mando el 18 de septiembre de 1876, después de haber triunfado en las elecciones por una amplia mayoría luego de que su contendor, Benjamín Vicuña Mackenna, dio instrucciones de abstenerse a sus electores, en protesta por una abierta intervención del presidente Errázuriz en favor de Pinto.

Desde los comienzos de su gobierno debió enfrentar una de las más serias crisis económicas que ha sufrido el país, consecuencia de la crisis mundial, de la baja del precio del cobre y de la difícil situación económica a que condujeron al país las administraciones de Pérez y Errázuriz Zañartu.

Para hacer frente a la crisis económica, el gobierno creó nuevas contribuciones para aumentar los recursos y restringiéndose en los gastos. Para ello suprimió las gratificaciones del 25 por ciento sobre el sueldo de los empleados públicos; aprobó la reducción del ejército y el desarme de varios buques de guerra.

Sin embargo, comenzó a escasear el dinero debido a la exportación de la moneda de oro y plata. Aumentó el interés del dinero y bajó el cambio internacional. En consecuencia, el costo de la vida aumentó. Del mismo modo, la propiedad privada, la renta mobiliaria y los títulos de crédito del Estado como los del crédito bancario, se redujeron, a tal punto que los bancos no podían transformar sus billetes en moneda metálica. Para suplir ello, el gobierno consiguió que se dictara una ley de inconvertibilidad de los billetes de banco en1878, comenzando en Chile el régimen monetario del papel.

Pese a ello, el gobierno logró promulgar algunas leyes de importancia, tales como la que organizó la enseñanza secundaria y superior en 1879. Además, se estableció la incompatibilidad de los cargos judiciales con los parlamentarios y administrativos.

Debió también hacer frente a la reanudación de las luchas religiosas que se habían iniciado en los tiempos de Manuel Montt. Estas dificultades se originaron, esta vez, por la sucesión del arzobispo Valdivieso, ya que para llenar la vacante el Gobierno propuso la candidatu­ra de Taforó, que era rechazado por el clero santiaguino y por la Santa Sede.

Fue Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Santiago, elegido por el Directorio de la institución, en el año 1884, año de su fallecimiento.

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Problemas internacionales

En materia de relaciones exteriores, el gobierno de Pinto debió enfrentar el agravamiento de las relaciones con Argentina, suscitándose toda la serie de dificultades y alternativas que estuvieron a punto de desembocar en una guerra y que culminaron, finalmente, en el tratado de 1881, que fue suscrito por Santa María, sucesor de Pinto en la presidencia.

La política de Chile era americanista, es decir, pretendía  la “unión solidaria” de todas las repúblicas del continente, con el objetivo de defenderse de cualquier agresión que amenazara la independencia o integridad territorial de alguna. Sin embargo,  Chile se  rodeó pronto de serias complicaciones externas, para lo cual se creó el Ministerio de Relaciones Exteriores, separado del Ministerio del Interior en 1871.

Los Estados Unidos, Francia, Bélgica, Inglaterra y Alemania celebraron con Chile Tratados de Amistad, Comercio y Navegación en favorables condiciones de intercambio, lo que permitió que la situación del país era inmejorable, superior a la de cualquiera de los demás estados americanos.

No obstante aquello, los problemas de límites fueron comunes en las relaciones de las repúblicas hispanoamericanas. Al separarse de España, adoptaron como límites de sus respectivos territorios los mismos que tenían cuando eran colonias, a través del llamado “uti possidetis” de 1810.

 

Límites con Argentina

Tras la toma de posesión del estrecho de Magallanes, efectuado en 1843, se sucedieron problemas limítrofes que no pasaron de ser una disputa. Pero en 1878, se produjo el rompimiento de las relaciones y el conflicto armado pareció inminente. Las escuadras de Chile y Argentina recibieron orden de dirigirse al estrecho. Sin embargo no paso más allá de una amenaza. Además, no se entendía por que, si  juntos habían hecho las campañas de la Independencia. Finalmente, se firmó en 1881 el tratado de límites que solucionaba las dificultades.

Chile quedaba en posesión del es­trecho y la Argentina con la Patagonia oriental. La línea limítrofe pasaría por las cumbres más elevadas de la cordillera de los Andes que dividieran las aguas. Si se producían discrepancias entre los expertos encargados de la demarcación, se recurriría a un árbitro nombrado de común acuerdo.

 

Crisis con Bolivia y Perú

Sin duda, el acontecimiento de mayor importancia en la administración de Pinto fue el comienzo de la Guerra del Pacífico.

Le correspondió a Pinto asumir la responsabilidad de declarar la guerra, después de conocer el pacto secreto contra Chile, celebrado entre los gobiernos peruano y boliviano; lograr que Argentina se mantuviera al margen de este pacto y no entrara en la conjura contra el país; preparar las fuerzas armadas chilenas, que no lo estaban en absoluto; elegir los hombres adecuados para la dirección de la guerra y, en síntesis, asumir la dirección superior de la misma.

Algunos exploradores chilenos, cruzando el desierto de Atacama, descubrieron, cerca de Mejillones, ricos yacimientos de guano, excremento de aves marinas fertilizante. Su explotación permitió a  Bolivia sostener que ese territorio era suyo.

En 1866 se firmó un tratado de límites entre ambos países. Chile reconoció la soberanía boliviana de ese territorio y fijó su límite septentrional en el paralelo 24 de latitud Sur. Sin embargo, se acordó que las guaneras descubier­tas o que se descubriesen entre los paralelos 23 y 25, junto con el monto de los derechos de exportación de mineral de esa misma zona, se repartirían  entre ambos países.

En las cercanías de Antofagasta, otros exploradores chilenos, en encontraron yacimientos de salitre, y las minas de Caracoles, en la misma región. Mediante muy costosas condiciones Bolivia aceptó la explotación, y los capitales chilenos llegaron para fundar el puerto y la ciudad de Antofagasta; hacer prosperar a Calama, Mejillones, Cobija, Tocopilla y otras ciudades; realizar trabajos insólitos para abrir caminos, crear aguadas y hacer habitable el desierto. El primer ferrocarril que tuvo Bolivia fue también el que los mineros de Chile tendieron desde Antofagasta al interior.

Pero, Bolivia no cumplió el tratado de 1866. Chile no recibió un centavo de las aduanas de Mejillones y de Antofagasta. Además, se atacaba de distinta manera a los productores del guano y del salitre. Las protestas de Chile lograron nuevas negociaciones diplomáticas y en 1874, Chile permitió hacer una concesión. En un tratado que se firmó ese año, entregó a Bolivia todos sus derechos al Norte del paralelo 24, con la condición de que los capitales chilenos no fuesen sometidos a nuevas exigencias.

Perú, por su parte, comenzó su preocupación por las salitreras de Tarapacá, las que, al igual que las de Antofagasta, eran explotadas por chilenos. Pensando que, si privaba  a esos capitales, Chile pudiera generarle algún problema. Decidió, entonces, avenirse  con Bolivia, y en 1873 firmó un tratado de alianza ofensiva y defensiva con dicho país, tratado que se mantuvo en el más estricto secreto. Inmediatamente, Perú promulgó una ley que acaparaba en manos del Estado las salitreras de Tarapacá. De aquí en adelante, los productores entregarían al gobierno peruano todo el salitre que descubrieran, a un precio que les fijó y que debía empobrecerlos. Dictó además,  una ley de embargo hacia las salitreras. En ella se estipulaba que sus propietarios debían venderlas al Estado, con todos las herramientas de explotación. A cambio recibirían  bonos o pagarés hipotecarios, sin ningún valor.

A pesar de esto, el Gobierno de Chile no formuló protesta alguna basado en el hecho de que, siendo el Perú soberano de Tarapacá, podía dictar las leyes que más le conviniesen.

Hacia el año 1878, la alianza secreta del Perú y Bolivia se mantenía inalterable y, tras  una revolución, se apoderó del gobierno de Bolivia el general Hilarión Daza. Motivado por el gobierno del Perú, terminó con la industria chilena del salitre y sucedió en Antofagasta lo que se realizó en Tarapacá.

Violando el tratado de 1874, Daza impuso una pesada contribución a la Compañía Chilena de Salitres de Antofagasta, ampliando las medidas de beligerancia que desde hacía un tiempo determinado, se adoptaron contra los nacionales de Chile. Aquí, el gobierno chileno sí protestó, en apoyo de la compañía, recordándole a Daza el tratado de 1874.

La compañía chilena se negó a pagar y Daza ordenó el embargo de todos los bienes de ella y, por ende, la venta de éstos en remate público, señalándose fecha para la venta.

Tal situación llevó a que el mismo día fijado para el remate de las salitreras, en febrero de 1879, 200 soldados chilenos, a las ordenes del coronel Emilio Sotomayor, desembarcaron en Antofagasta; tomaron la ciudad e izaron la bandera de Chile. La población netamente chilena, celebró dicho acontecimiento. Los pocos bolivianos que había, eran los empleados administrativos y una pequeña guarnición.

La ocupación de Antofagasta determinó el comienzo de un conflicto que iba a mantener en permanente observación a todo el continente: La Guerra del Pacífico.

En materia de realizaciones y de desarrollo del país, el gobierno de Aníbal Pinto tiene escasos rubros que mostrar. Aparte la ley de instrucción primaria de 1879, obra de Miguel Luis Amunátegui, no es mucho lo que podría señalarse. Sin embargo, son pocos los mandatarios que hayan mostrado mayor entereza moral y más abnegación cívica que Pinto.

Cuando, a pesar de todos sus esfuerzos por evitarla, estalló la guerra, la afrontó con valor y entregó a la tarea de ganarla su infatigable laboriosidad, su sensatez y su prudencia.

Como se ha visto, su gobierno fue un batallar continuo con circunstancias adversas que no dependió de él poder evitarlas.

El 18 de septiembre de 1881 entregó el mando a su sucesor, Domingo Santa María. Cinco años antes había recibido un país empobrecido y amenazado por todos sus vecinos. Lo entregaba a su sucesor, rico, poderoso y respetado por todas las naciones.

Dejó el cargo de presidente siendo muy pobre, después de haber sido un hombre de fortuna. Debía $ 108.000, y, para pagarlos, vendió en la misma suma sus derechos en las minas Puchoco. Para poder subsistir aceptó un puesto en la redacción de El Ferrocarril, haciendo traducciones.

 

Profesor en Línea / Colaboración Rodrigo Lira Belmar

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