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Adolfo Ossa, segunda víctima del deber.

El trabajo del bombero ofrece peligros desde que se inicia el incendio hasta el momento en que se da por terminada la labor; y suelen ser mayores los que se corren en la penosa tarea de extinguir el fuego en los escombros, pues éste es el momento en que comienzan a sentirse manifestaciones de fatiga que rápidamente aumentan con las dificultades materiales que se oponen a la ejecución de las maniobras.

Agréguese a esto que las murallas, faltas de sostén por los estragos del incendio en el edificio, constituyen un amenaza para aquellos que deben ejecutar algún trabajo en las inmediaciones de las mismas.

Tales fueron las circunstancias en que encontró la muerte el voluntario de la 1ª. Compañía don Adolfo Ossa, la segunda de las víctimas del deber, en la noche del día 3 de Septiembre de 1876.

El fuego había aparecido en aquella ocasión en una propiedad situada en la calle San Diego esquina de la de Carrascal, hoy Eleuterio Ramírez; entusiasta voluntario, había acudido al llamado con todo prontitud.

Durante tres largas horas dió muestras de grande actividad y de esforzado espíritu, cosas ordinarias en él por lo demás, pues, el corto tiempo que había servido a la asociación había bastado para formarle un concepto completo acerca del deber del voluntario. Desgraciadamente, cuando muy poco quedaba por hacer, pues el incendio no sólo estaba ya sofocado, sino que aún la labor de extinguir los escombros estaba casi terminada, sobrevino el derrumbe de una muralla junto a la cual Ossa y tres voluntarios más se hallaban trabajando. La muerte se contentó con arrebatar sólo a Ossa y lesionar a sus compañeros.

El sacrificio de este voluntario, para quien la vida se abría con las más alagadoras expectativas, conmovió profundamente a la sociedad de Santiago, tanto por las circunstancias dolorosas en que produjo el accidente, cuanto por la crueldad con que la muerte había señalado a su víctima. Juventud, fortuna, talento y todo aquello que contribuye al éxito en la vida, quedaba sepultado al pie de la muralla en ruinas!…

Una inscripción grabada en el edificio que hoy se levanta en el mismo lugar en que Ossa rindió la vida, recuerda a quien alce la mirada hacia la lápida que un bombero voluntario, en un día ya muy lejano, allí cayó en cumplimiento del deber.

 

ERNESTO ROLDAN.

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