Historia Discursos Justo Arteaga A.
Justo Arteaga A.
DISCURSO PRONUNCIADO POR EL SEÑOR DIRECTOR DON JUSTO ARTEAGA ALEMPARTE CON MOTIVO DE LA PRIMERA REPARTICION DE PREMIOS POR AÑOS DE SERVICIOS A LOS VOUNTARIOS DEL CUERPO DE BOMBEROS DE SANTIAGO
 8 DE DICIEMBRE DE 1873.

 

“Señores: Venimos a cumplir un noble deber. Venimos a tributar el homenaje de nuestro aplauso, de nuestro entusiasmo, de nuestro agradecimiento a los veteranos del cuerpo de Bomberos.

Bien saben Ustedes quienes son los veteranos del Cuerpo de Bomberos.
Son aquellos de Nuestros compañeros que durante cinco, durante nueve años, desde que la Institución nació en una terrible hora de dolor i de prueba, han sido los vencedores, nunca los vencidos de la fatiga o el desaliento; han vivido siempre alerta para acudir en protección de las fortunas i de los hogares amenazados por el fuego; han servido con la perseverancia de los buenos a la honra i a la gloria de la institución, haciendo eficaces sus esfuerzos.
Cuando el Cuerpo de bomberos no ha podido ahogar el fuego en su cuna i ha tenido que luchar con él, ha limitado sus estragos, le ha hecho sentir el poder de su voluntad. A haber existido en la hora de la gran catástrofe, cuyo aniversario cubre hoy de luto todas las almas, esa gran catástrofe habría sido advertencia de salud i no lección cruel.

Desgraciadamente no existía. Vino a la vida en aquella hora de dolor, de duelo, de lágrimas, de muerte. Aquella hora desdichada, dio nacimiento a una idea feliz i luminosa, que ha debido tener allá arriba las bendiciones de los ánjeles.
El cuerpo de bomberos, señores, es una afirmación espléndida del poder de las ideas jenerosas, i es una afirmación viviente del poder de la iniciativa social, que realiza maravillas bajo la influencia de los nobles movimientos del alma i del corazón. Sólo ella ha podido agrupar esta brillante lejion de hombres que sienten los entusiasmos del desinterés, que convierten su abnegación en deber.
Es lo que hacen Ustedes Sres. i compañeros, al venir a reclamar un puesto en Nuestras filas.
La iniciativa social representada por Uds., encarnada en Ustedes, hecha hombre, es decir, hecha acto por Ustedes, ha realizado en unos cuantos años; digo mal, en unos cuantos meses; digo mal todavía, en unas cuantas horas, un verdadero prodijio, que la autoridad con todo su poder de trabajo, de acción, de intelijencia, de escudos, apénas si habria alcanzado a medias. Habria reclutado hombres de obediencia i de disciplina, para quienes el cumplimiento del deber habría tenido que poner bajo la espuela de la pena.

Mientras tanto, qué es para Ustedes el deber? Es una fiesta de voluntad. Es todo espontaneidad, todo alegria, todo entusiasmo. Le cumplen Ustedes charlando i riendo. Hacen Ustedes encantadoras todas sus austeridades.
Al verles a Ustedes en el trabajo i en el peligro, parece que todo aquello es un entretenimiento.
El que Ustedes llevan con un gracioso descuido la vida dura i riesgosa del bombero; esa vida que pone a prueba la fortaleza del cuerpo i la entereza del espíritu; esa vida en que se juega la vida.

Ahí está quien lo afirma: Tenderini. Y pido a Dios que esas afirmaciones no se repitan.
Para todos hai horas de descanso, ménos para el bombero. Ustedes han renunciado a ese derecho.
La campana suena i les llama. Es preciso sacudir el sueño, interrumpir la fiesta, correr al trabajo i al peligro.

Y la campana suena, de ordinario, cuando ménos se la aguarda. El fuego tiene siempre en sus visitas todas las sorpresas de la alevosía. Esto obliga al bombero a tener todas las habilidades de la prevision. Debe oir dormido. Debe estar a toda hora al servicio de la ciudad. No se pertenece. Pertenece a cuantos amagados por el fuego en su vida, en su hogar, en su fortuna.

Hé ahí la vida que han sabido llevar, hé ahí el deber voluntario que han sabido cumplir durantes largos años los veteranos del cuerpo de bomberos, a quienes el Directorio, en nombre de todos ustedes, vá a dar sus ejecutorias de perseverancia i de abnegacion. Envidiables ejecutorias para cuantos aun no hemos tenido la oportunidad de adquirirlas. No las acuerda el favor. Las acuerda la justicia. No vienen por un acaso de la suerte. Vienen como una afirmación del deber cumplido; son un decreto del reconocimiento elevado i justiciero de los compañeros de trabajo i de fatiga.

Esto alienta, alegra el corazón i alegra el alma.

Hoy que las virtudes austeras no hallan cascabeles que le formen una atmósfera de ruido, sino tan sólo desdenes; hoy que se corre tras el estrépito de los honores fáciles que el favor acuerda en sus caprichos; hoy que las celebridades de espuma, esas celebridades que se conquistan sin merecimiento tienen todos los encantos de la tentación, se siente el corazón mas lijero, se siente más luz en el alma, porque se siente más esperanza, al ver no solo a la juventud que principia la batalla de la vida, sino a hombres que han peleado como buenos esa batalla, venir alegres,  orgullosos a recibir el testimonio de justo agradecimiento que el cuerpo de bomberos se honra en dispensarles.
Los veteranos que vamos a premiar son, no una esperanza, son una certeza de que nuestra institución puede mirar tranquilo el porvenir. Estos veteranos nos aseguran que el Cuerpo de bomberos no es una institución pasajera, sino una institución que vivirá mientras haya en Santiago quienes tengan la relijion de de las ideas jenerosas i de las nobles acciones.
Y cuando esos hombres falten, qué importa que no haya cuerpo de bomberos!
Bien puede venir entonces un Nerón que divierta su fastidio con el incendio de esta ciudad. Ese Nerón  habrá redimido a la humanidad de un hato de egoístas.
En nombre del Directorio envío a los veteranos del Cuerpo de bomberos su saludo i su aplauso”.

 
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